![]() El primero que afirmó que Jesús nació el 25 de diciembre fue Hipólito de Roma, allá por el siglo tercero. Pero la atmósfera particular que se respira en esta celebración navideña fue favorecida sobre todo por san Francisco de Asís, debido al especial amor y devoción que este santo profesaba al misterio de la encarnación del Hijo de Dios. Tomás de Celano, el biógrafo de san Francisco, narra la intensidad con la que vivía y celebraba el pobrecillo de Asís la noche de Navidad, a partir de la experiencia maravillosa que tuvo ante el pesebre en Greccio. +++
«Ellos llaman a este día el del nacimiento del Sol invicto. Pero ¿qué más invicto que Nuestro Señor, que ha destruido y vencido a la muerte? Le denominan igualmente día del nacimiento del sol. Pero ¿no es éste, Nuestro Señor, Sol de justicia, de quien escribió Malaquías: Para vosotros que teméis a Dios se levantará su nombre como sol de justicia y la salvación está bajo sus alas?». (Autor siglo lll). En este día las tinieblas empiezan a disminuir y, al progresar la luz, los límites de la noche retroceden. No es casualidad que esto ocurra en la fiesta en que la vida divina se manifiesta a los hombres... Tú ves a la noche que llega a su límite extremo -no puede ya ir más lejos-, detenerse y retroceder. Entiéndelo, de la noche oscura del pecado. Esta se había extendido... había alcanzado la cima... Tú ves los rayos del sol más fuertes y al sol más alto que de costumbre. Hay que entender esto de la aparición de la verdadera luz». San Gregorio NISENO NAVIDAD - Todo sobre aquella noche
El viaje de María y José y la búsqueda de un lugar donde vivir el nacimiento de Jesús con reserva y discreción. El acontecimiento que divide en dos la historia del hombre
ANDREA TORNIELLI
«Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria. Iban todos a empadronarse, cada uno en su ciudad» (Lc 2, 1-3). En estas descarnadas líneas del evangelio de Lucas se hallan todas las noticias referentes a la fecha del nacimiento de Jesús, las circunstancias históricas en las que el Eterno ha entrado en el tiempo, asumiendo en todo, menos en el pecado, nuestra naturaleza humana. De viaje para empadronarse
Aquellos gestos modernos
El niño en pañales «Había en la misma comarca algunos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace”. Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado”. Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 8-20). El Altísimo hecho carne, el acontecimiento (Lucas usa el término rhema, que copia el hebreo dabar y tiene el doble significado de “palabra” y “acontecimiento”) que divide en dos la historia del hombre, el Mesías tan esperado por el fiel pueblo de Israel, se manifiesta ante todo a los pastores “sucios y malolientes”, progenie de aquel rey pastor que fue David. Es el inescrutable método de Dios, tan distinto y alejado de toda imaginación humana: el infinitamente grande abraza al infinitamente pequeño. Advertidos por el ángel, los pastores acudieron a la gruta. «Siendo pobres de dinero pero nobles de espíritu - hace observar Ricciotti - no piden nada, y vuelven sin más a sus ovejas: sólo sienten una gran necesidad de alabar a Dios y de hacer saber a otros del lugar lo que había sucedido». Habrán dejado, a los pies del recién nacido, un poco de lana y un poco de leche. Esos productos que los fariseos consideraban robados. +++
El mes de diciembre como su raíz etimológica indica era el décimo mes del antiguo calendario romano, DECEMBER-DECEMBRIS. Los romanos habían puesto a En este mes los romanos celebraban la fiesta saturnalia, el diecisiete de diciembre. El contenido de la celebración era el hecho de la instalación de Saturno en el capitolio de Roma, tras ser expulsado por Zeus del Olimpo. Saturno según la mitología clásica era el hijo de Uranos (el cielo) y de Gea (la tierra). Los griegos lo llamaban Kronos (tiempo medible). Se le representaba como un hombre anciano, encorvado con una guadaña, pues era el dios igualmente de Pero la fiesta de las fiestas era el veinticinco de diciembre, el "dies natalis invicti solis", en el marco cósmico del solsticio de invierno (de stare, detenerse), éste era llamado por los griegos la puerta de los dioses. El sol alcanzará su punto más bajo en el hemisferio boreal, siendo mínima la longitud del arco aparente que recorre desde el alba hasta el ocaso. Es el periodo del año de máxima oscuridad, la noche más larga pero a la vez en los días sucesivos se experimenta el renacimiento de la luz solar. Hay que apuntar aquí a la representación greco-romana del sol, con doce rayos que prefiguraban los doce meses. Los cristianos tomaron esto para decir en boca de San Cipriano: "las doce horas y los doce meses simbolizan a los apóstoles, las cuatro divisiones del día simbolizados por los cuatro evangelistas" . Y San Hipólito de Roma dirá: "Los doce apóstoles como doce meses han anunciado el año perpetuo de Cristo" . De modo que el tiempo se convierte en el año de gracia del Señor (Is. 61.2). Zenón de Verona afirma: " los doce apóstoles son como rayos de sol, es decir, los doce meses". "Apartando a los fieles de la seducción de los cultos que divinizaban el sol y orientando la celebración de éste hacia Cristo, verdadero sol de la humanidad" . Juan Pablo II, Dies Domini nº 27. De modo que el primer texto conocido que relaciona el nacimiento de Cristo y del sol es de San Cipriano : "O quam praeclare providemtia ut illo die quo natus est sol nascerentur Christus" (De pasch comp. XIX). San Cipriano constataba que la Navidad ya era celebrada en el siglo III y que era providencial que el día que se celebraba al sol hubiera nacido Cristo. No es simplemente una cristianización del veinticinco de diciembre -como se ha afirmado-. Las últimas investigaciones afirman que muy probablemente Cristo habría nacido en diciembre. Según esta teoría el veinticinco de marzo y el veinticinco de diciembre quedan interrelacionados. El veinticinco de marzo es la Anunciación , según el Evangelio de Lucas se dice : "y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril" (Lucas.1, 36). De aquí se concluye que según el servicio sacerdotal del templo que hacía Zacarías, y sabiendo que había veinticuatro clases de sacerdotes judíos que servían en el templo y que cada clase servía durante una semana; que Zacarías pertenecía a la octava (Abía) y si el templo fue destruido en el año 70 después de Cristo, según este cómputo, Cristo habría sido concebido en marzo. La tradición rabínica, escrupulosa en sus cálculos confirma que cuando se destruyó el templo servía en éste la primera clase ( San Juan Crisóstomo (siglo IV) cita que nuestro Señor nace en la octava antes de las calendas de enero (25 de diciembre). San Agustín refería a Cristo como el nuevo sol. Del siglo II se conservan esculturas que representan a Cristo como sol invicto. "Los astros del firmamento obedecen en sus movimientos, con exactitud y orden las reglas que de él han recibido". (San Clemente Primero, Papa, a los Corintios, 19,2) El año cósmico y el año litúrgico anuncian el Misterio Pascual: "estemos atentos amados hermanos, al mismo proceso natural de la resurrección que contemplamos todos los días: el día y la noche ponen ante nuestros ojos como una imagen de Los celtas, otra cultura que asume el cristianismo en los siglos V a VII igualmente celebraban entre los días 20 y 23 grandes fiestas. Tenían la costumbre de adornar las casas con hiedra y guirnaldas de acebo y muérdago para proteger Israel en diciembre celebra la fiesta de Diciembre es el mes de El fenómeno cósmico de la muerte, dicho de este modo, de la luz solar y del renacimiento de ésta, luego del solsticio, permite concluir que el año litúrgico se desarrolla en el marco de la Pascua cósmico-natural y de la Pascua de El mes de diciembre es también el final del año civil, la sentencia de Una de las solemnidades marianas del calendario litúrgico la tenemos en este mes. El ocho se celebra Agradecemos al autor - Pbro. Manuel Santos Flaker Labanda. MMVI +++
Julio César, una de cuyas principales aportaciones a la Humanidad fue la de su calendario, conocido como "juliano". El calendario juliano, "inventado" por el alejandrino Sosígenes, parte de la premisa de que el año, definido como el período de tiempo que tarda la tierra en darle la vuelta al sol, dura 365,25 días. Dieciséis siglos más tarde, los astrónomos del Papa Gregorio XIII, y notablemente dos, el calabrés Aloysius Lilius (n.1510-m.1576) y el bávaro Cristóbal Clavius (n.1538-m.1612), jesuítas por más señas, afinan mejor la duración del período y establecen que, en realidad, el año dura 365,242189 días. No hablamos, como se ve, ni de una centésima de diferencia con lo establecido por Sosígenes, pero dicha centésima, en los dieciséis siglos que había estado en vigor el calendario juliano desde que se instaurara en el año 46 a.C., había producido ya el adelanto del equinoccio de primavera –tan importante para determinar la fecha de la Pascua cristiana [1]- en nada menos que diez días. Identificado el error, se procede a subsanarlo. El día 4 de octubre de 1582 lo hacen los primeros reinos cristianos, entre los cuales España, todos los de Italia y Portugal, sometidos a la corona española, y Polonia, de modo y manera que a dicho 4 de octubre no le siguió, como habría sido de esperar, el 5, sino el 15. En otras palabras: en los países indicados, el 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13 y 14 de octubre de 1582 no existieron, o dicho de otra forma todavía, no hay suceso histórico que pueda llevar su fecha. Pues bien, acontece que Teresa de Cepeda y Ahumada vino a morir justamente la noche del día 4 de octubre de 1582, seguido, como hemos explicado, no del 5, sino del 15 del mismo mes, día que, una vez canonizada la abulense en 1622 y por otro Gregorio, el que hacía el XV de la serie, quedó consagrado a la santa como si su consagración pudiera servir también para realizar la del calendario gregoriano. Y tal es la razón por la que desde entonces, todos nosotros, y con Vds. yo, celebremos a las teresas el 15 de octubre y no en otra fecha cualquiera. Así pues, ¡felicidades teresas! +++
… Ahora que se aproxima la Navidad,… Sr. Director EL HERALDO - Chihuahua, Chihuahua, México. Es muy común en el lenguaje verbal de predicadores cristianos no católicos y en su literatura referirse a la Iglesia Católica como "romanismo" y a sus miembros como "romanistas", ambas expresiones son hasta disparates gramaticales. Más con esto, demuestran su ferviente oposición a todo lo que "huela" a fe católica. Más sucede algo paradójico: Ahora que se aproxima la Navidad, muchos de estos no católicos la celebran y colocan motivos navideños en sus templos y en sus hogares... no debían de realizarlo, ya que de acuerdo a su repulsión a lo católico; sucede que la fecha 25 de Diciembre, como fiesta de Navidad, fue instituida por la Iglesia Católica. La Biblia no indica que día nació Jesús, ni ordena celebrarla ¿por que entonces actúan así, observando una fecha y fiesta ordenada por el catolicismo? Hay infinidad de contradicciones en las tesis doctrinales de este tipo de cristianos no católicos. Mencionaré unas más: Ellos pregonan con insistencia "no debemos creer en los santos" solamente en Cristo. Sin embargo, mas del 90 % de lo que saben ellos sobre Jesús, es lo que escribió, no Cristo, sino personas conocidas como santos. Ej. San Mateo, San Marcos, San Lucas, San Juan. No debían de creerlo... por ser ellos santos y no Dios. La misma Biblia protestante Reina-Valera indica en cada Evangelio "según San Mateo, según San Marcos, etc.". Curioso, ese término "según" es dictamen de la Iglesia Católica y no de la Biblia... incongruente que lo acepten quienes no desean contaminarse de "romanismo". Es muy común de estos cristianos también predicar que la Virgen María fue solamente la madre de Jesús hombre y le niegan el hermoso título de Madre de Dios y aseguran que esta Virgen que encontró gracia en Dios, su cuerpo se corrompió en el sepulcro como el de todos los mortales. En cambio, muchos de estos cristianos no católicos, aseguran que ya pronto varios de ellos serán arrebatados en cuerpo y alma al cielo. Absurdo aceptar que Jesús mejor conceda este gran don a personas imperfectas que a su propia Madre. El buen Jesús nos daría el ejemplo de un "mal hijo" negando que la carne y sangre de la Virgen María, que es la misma con la que El se encarnó para salvarnos y llevó al cielo glorificada al resucitar, se quede en la tumba como pasto de gusanos y la del pastor del templo de la esquina si sea transportada al cielo. También predican y aseguran que el que se congrega con ellos y acepta a Cristo como su único y suficiente salvador ya es salvo para siempre... esa salvación ya no podrán perderla jamás; no obstante, siguen predicando mucho temor al Demonio a quien citan con insistencia en sus mensajes... no debían ya de temerle, puesto que ya son salvos para siempre. Algo que también es bueno observar en estos nuevos grupos religiosos, tienen la consigna, máxime en áreas rurales, que sus templos los colocan a la orilla de las carreteras con letreros ostentosos para dar la imagen falsa de que ya toda esa comunidad pertenece a su fe. José L. Fierro C. 2009.XI.30 Agradecemos esta colaboración a don Mario SAVIGNON +++
TEXTOS PARA NAVIDAD 1. -Dios se ha hecho hombre.
Por eso, la actitud espiritual que debemos avivar entre los fieles en esta fiesta es la alabanza gozosa y la acción de gracias porque el Verbo de Dios, la Palabra que creó todas las cosas, se nos ha manifestado como una gran luz y ha acampado entre nosotros, se ha hecho uno de nosotros. En este sentido iría bien hacer una lectura reflexionada del prefacio II de Navidad. -La divinización del hombre. -La solidaridad de Dios con el hombre culmina en la cruz.
-.- Grande es nuestro Dios e infinito su poder. Ahora se ha mostrado tal como es: ¡Pequeño es nuestro Dios e infinito su amor! Y porque su amor es infinito, se ha acercado a nosotros. No tuvo miedo a la materia, no dudó en asumir la condición humana, a veces trágica y, en muchos aspectos, absurda. ¿Quién podría imaginar que Dios se hiciera hombre de este modo? A nadie se le oculta la condición humana. A pesar de su bondad fundamental, el hombre es también un ser fracasado en la historia. Puede ser un lobo para los demás y una máquina autodestructora para consigo mismo. Cada cual lo sabe por propia experiencia: es difícil soportarse a sí mismo con hombría; pero aún más difícil es abrirse a los demás, escucharlos y tratar de amarlos tal como son, con sus miserias y limitaciones. Y, sin embargo, Dios quiso ser hombre. La gente está tan cansada de decir y oír decir que "el Verbo se hizo carne", que llega a no reflexionar lo que esto significa. Él quiso realmente ser como uno de nosotros, como tú y como yo, menos en el pecado: un hombre limitado que crece, que aprende y que pregunta; un hombre capaz de oír y de responder. Dios no asumió una humanidad abstracta de animal racional, sino que desde el primer momento de su concepción asumió un ser histórico: Jesús de Nazaret, un judío por raza y por religión, que se formó en el reducido espacio del seno materno; que creció en el reducido espacio de una patria insignificante; que maduró en el reducido espacio de una minúscula y remota aldea; que trabajó en un medio limitado y muy poco culto, donde no se hablaba griego ni latín, las lenguas de la época, sino un dialecto, el arameo, con acento de Galilea; que sintió la opresión de las fuerzas de ocupación de su país; que conoció el hambre, la sed, la soledad, las lágrimas por la muerte del amigo, la alegría de la amistad, la tristeza, el temor, las tentaciones y el horror a la muerte; y que pasó por la noche oscura del abandono de Dios. Todo esto lo asumió Dios en JC. Nada de ello se le ahorró. Asumió todo lo que es auténticamente humano y pertenece a nuestra condición, como la justa ira y la sana alegría, la bondad y la dureza, la amistad y el conflicto, la vida y la muerte. Todo esto está presente en la frágil figura del Niño que comienza a gimotear en el pesebre, entre el buey y el asno (...). Dios, en su amor inconmensurable, se dispone a comunicarse totalmente a un ser diferente de sí; es decir, a un ser creado, no divino, para expresar el carácter absolutamente extraordinario de su propio amor. Ha creado una naturaleza humana que fuera capaz de recibirlo sin dejar de ser naturaleza humana creada y limitada. Dios ha querido divinizarla, no como un teofanismo pagano en el que Dios aparezca como un Moloc que lo usurpa todo y lo transforma en su propia realidad divina. Lo Divino de Dios consiste en respetar la alteridad; la criatura seguirá siendo criatura y, al mismo tiempo, albergará dentro de sí a Aquél a quien ni siquiera el cielo puede contener. Al comunicarse a la criatura, por lo tanto, Dios hace que la criatura siga siendo aún más criatura, aún más diferente de lo Divino (...). Jesús de Nazaret fue aquel hombre, eternamente pensado y querido por Dios para, en él, poder el mismo Dios derramar todo su amor infinito. Hoy, en el pesebre, asistimos a la manifestación de "la bondad y el amor a los hombres de Dios, nuestro Salvador" (Tt 3. Esta humanidad santa es la humanidad de Dios. Mediante ella, Dios hace concreto su amor para con nosotros; un amor ardiente que se ofrece; un amor respetuoso que se insinúa; un amor que conquista el corazón y le obliga a amar. Jesucristo hace realidad el proyecto de Dios de hacerse hombre y el proyecto del hombre de hacerse Dios. -Jesucristo: sacramento del encuentro entre Dios y el hombre Él es la encrucijada en la que se cruzan el camino descendente de Dios y el camino ascendente del hombre. LEONARDO BOFF (ex sacerdote de la Iglesia católicA, suspendido a divinis por no acatar el Magisterio; posteriormente contrajo matrimonio en Brasil, continúa como escritor, etc.)
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Tentación de dualismo. Porque si todo el hombre debe entregarse a Dios nada quedará para entregarse exclusivamente al mundo. Por ello, todo el hombre deberá buscar a Dios en el mundo. Todo el hombre se entregará al mundo y en él a Dios. La dimensión religiosa no formará una realidad "aparte" sino que será la dimensión profunda de la realidad mundana. La acusación más grave que podría hacerse a la fe sería la de recluirse, ausentarse del mundo por temor a mancharse o desfigurarse en lugar de lanzarse a dar al mundo la figura divina por la que "la creación entera gime y sufre dolores de parto hasta el momento presente". Según Congar "tal vez la mayor desgracia del catolicismo moderno es haberse convertido en teoría y catequesis sobre el "en sí" de Dios y de la religión, sin insistir al mismo tiempo sobre la dimensión de "para el hombre" que todo eso encierra. El hombre y el mundo sin Dios con los que nos enfrentamos actualmente, han nacido en parte de una reacción contra ese Dios sin hombre y sin mundo". Desde que Dios se ha hecho hombre, es el hombre la medida de todas las cosas. La razón es que sobre él gravitan el plan de Dios, los proyectos, los riesgos, las conquistas. Así, centrarnos sobre el hombre no es traicionar, sino obedecer a nuestra fe.
Una de esas perspectivas podría ser ésta: Jesús viene a decirnos que el Dios creador es "anterior" al Dios de la ley; que Dios es Dios de vida, no de ley. Por eso, a partir de este Dios-Vida de Jesús, el criterio por el que debemos distinguir lo bueno de lo malo no es el hecho de estar de acuerdo con la ley o en contra de ella, sino el hecho de estar en favor de la vida o en su contra. El dios judío era un dios de ley, tan guardián y celoso de la misma que llega a ponerla incluso por encima del hombre. Ese dios, esa ley que él defiende, no da vida sino con reticencias y muy limitadamente; más bien es un dios y una ley que dan muerte a sus transgresores. El Dios de Jesús no tiene nada que ver con ese dios de la ley; el Dios de Jesús es creador y, en consecuencia, se nos revela como dador y mantenedor de la vida. Y la vida no es cualquier cosa. La vida, estar vivo, ser un "ser vivo" es la mayor grandeza del hombre; más aún: la vida es la verdad más auténtica y profunda del hombre. Esa vida que empieza por un corazón que late, por unos pulmones que respiran, por un estómago que digiere y asimila; pero que también está formada por una ilusión que alienta, por un amor que se comparte, por una esperanza que no ceja; vida personal, humana, vida en plenitud que viene a traernos la Palabra que se hace carne: "ella contenía la vida, y esa vida era la luz del hombre" ( Jesús no viene a revelarnos escondidos secretos, ocultos arcanos en los que estaría cifrado el sentido de la vida. El viene para ser la vida, darnos la vida, llenarnos de esa vida que es capaz de acabar con la misma muerte. L. GRACIELA - DABAR 1988, 5
5. Sin verbo no tiene sentido la frase. Sin el Verbo de Dios no tiene sentido la vida, el trabajo, la alegría, el dolor, el amor y la muerte. -.- No vivimos para comer, ni para estudiar, ni para trabajar, ni para rezar. Todo lo contrario, comemos, estudiamos, trabajamos o rezamos para vivir. No vivimos para nada; pues la vida no es medio, sino fin. Vivimos para vivir. Que eso significa creer en la vida eterna. Creer en la vida eterna no es creer que hay dos vidas, ésta y la otra; sino aceptar que ya vivimos, optar por la vida, amarla y pronunciarnos en favor de todo cuanto la hace posible y en contra de todo cuanto la mortifica. Pero la vida eterna no tiene por qué ser necesariamente esta forma de vivir; pues sospechamos y buscamos desesperadamente otra. Más aún, esta forma de vida, este modo de entenderla y domesticarla, no tiene futuro, si no se introducen modificaciones sustanciales; pues el egoísmo de nuestros planes y la vanidad de nuestros dogmatismos nos hacen reconocer, a pesar de todo, que "esto no es vida". Y ciertamente no lo es, porque parecemos empeñados en no dejar vivir en paz. ¡Cómo si la vida y la libertad fueran inventos patentados por políticos, pontífices o señores de este mundo! ¡Y no! La vida es lo primero y lo que decide, la última palabra, luz y claridad en las tinieblas de nuestras decisiones. No, claro, la vida que nos han dejado y seguimos despellejando; sino la vida sin aditamentos, la que soñamos despiertos, la que centellea en la utopía y deslumbra en lo imposible, la vida que queremos porque es nuestra y nos la ha dado "el que no se vuelve atrás". Navidad es recobrar la fe en la vida. En la nuestra y en la de todos. No es recordar que nació el niño Jesús; sino creer que ese niño, de nombre Jesús, es el Hijo de Dios. En Navidad no sólo nace una nueva vida. Nace de nuevo la vida, es decir, viene al mundo la vida, la vida que había en Dios y que es luz que ilumina a todo hombre, para que, si la recibe y cree, pueda comenzar a vivir para siempre. EUCARISTÍA 1976, 68
VACACIONES DE NAVIDAD Las vacaciones -la vacación- se imponen a la Navidad, desplazando cada vez más las fiestas cristianas más importantes del año. Ya no son simplemente Navidad o Semana Santa, sino vacaciones: Vacaciones-de-Navidad, Vacaciones-de-semana-santa, así. El carácter religioso se pone en minúscula, mejor dicho, se pospone, se aleja y se diluye masivamente. Porque lo masivo es la vacación, el cese en el estudio y en el trabajo, para recuperar la libertad enajenada. Sin embargo queda indeleble en el posesivo "de Navidad" el carácter religioso y cristiano del evento. Y queda mucho más, aunque escondido como el rescoldo bajo la ceniza, invisible pero dando calor. Porque la Navidad, la fe en la Navidad, ha generado usos y costumbres, tradiciones y celebraciones en las más variadas culturas y en las más sorprendentes formas. Los Reyes Magos o Papa Noel, el belén o el árbol, los turrones y aguinaldos, los crismas y villancicos, las felicitaciones, las luces, los colores, los regalos, los parabienes se multiplican como si, por fin, estuviéramos en Jauja sin crisis económicas, sin problemas familiares, sin preocupaciones, sin enemigos, sin cicaterías.. Claro que todo ese ambiente festivo y alegre no logra hacer desaparecer la miseria, el hambre, la pobreza, la injusticia, el dolor, las guerras... Pero en Navidad se cotiza al alza la buena voluntad mientras que baja muchos enteros la mala uva que domina en la bolsa de la vida. En Navidad el mundo, el occidental, ¡claro! no funciona como el resto del año. Disminuye el egoísmo, la cicatería, las rencillas y zancadillas, el individualismo, el aislamiento, el ensimismamiento... al paso que crece la buena voluntad, la generosidad, el altruismo, el diálogo, la amistad, la vuelta a casa, que es como volver a la raíz, al ser humano que somos. Y yo pienso que todo eso será por algo. Y me pregunto por qué no ha de ser siempre así. ¿Por qué la Navidad es sólo una fiesta en el año y no es el nacimiento de una nueva era, recuperada cada año con nuevo empeño? EUCARISTÍA 1992, 59
8. Emmanuel, Emmanuel, Emmanuel, Emmanuel, Dios Emmanuel, EUCARISTÍA 1989, 60 -.-
IMPORTANCIA DEL PROLOGO DE JUAN. Me parece que en el conjunto de la predicación de este tiempo de Navidad-Epifanía, debería hoy darse especial relieve al comentario del texto evangélico, del llamada prólogo de Juan. Especialmente si no se leyó el día de Navidad. Leyendo su texto completo (por lo menos, nunca omitir el versículo final: "A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer"). No se trata de combatir la vivencia que podríamos denominar "infantil" o puramente "sentimental" de la Navidad. Pero sí de ir más allá. De anunciar lo que realmente significa para el cristiano el misterio de la Encarnación. Y, para ello, el evangelio que se lee hoy es peculiarmente importante. Subrayaría dos aspectos: "Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad". Es el centro de la celebración de Navidad-Epifanía: la encarnación -con todo lo que significa de plena comunión de Dios con el hombre, afirmación básica que recuerdan las plegarias eucarísticas: "hecho hombre" (plegaria II), "compartió en todo nuestra condición humana" (plegaria IV)...- y la manifestación o "epifanía" de Dios en Jesús: la Palabra -la revelación del Dios "que nadie ha visto jamás"- se hace conocible, palpable, compartiendo la vida humana. Y es a través de este camino humano de la Palabra, del Hijo de Dios, como vislumbramos su gloria, es decir, su Vida, que es gracia de salvación, verdad o salvación.
EL LA CELEBRACIÓN DOMINICAL. Hoy podría ser conveniente notar que cada domingo es una celebración de este misterio-realidad de comunión y presencia de Dios en nuestra vida. Quizá, ya que es primer domingo del año, se podría exhortar a vivir la participación en la misa dominical durante todo el año como un acto de fe y, al mismo tiempo, como un alimento siempre necesario para esta comunión de vida entre Dios y nosotros, por Jesucristo y abiertos a la acción vivificante del Espíritu. Aquello que decíamos antes de la acción descendente y ascendente se realiza cada domingo en la celebración eucarística. La misa dominical es una celebración de comunión que debe continuar durante toda la semana. J. GOMIS - MISA DOMINICAL 1982, 1
-.- 10. ¿DONDE SITUARNOS? Cuando el papa ·León-MAGNO-SAN el Grande escribió su famoso sermón de Navidad, decía: "Queridos, nuestro Salvador ha nacido hoy: ¿alegraos!; no hay lugar para la tristeza donde se celebra el día del nacimiento de la vida...". Esto ocurría por el año 450 y era la misma fiesta que nosotros celebramos, pero también es cierto que celebramos otra Navidad. Quizá para aquel papa el sentido político que había tenido la fiesta del 25 de diciembre carecía de interés, porque los cristianos de Roma, ya antes del año 300, celebraban, en lugar del "nacimiento del sol invencible", el "nacimiento del sol de justicia, Cristo", una especie de protesta contra el orden del Imperio de Roma que abarcaba todo el orbe de la tierra, un manifiesto contra el divinizado culto al emperador... Los cristianos querían celebrar la inquebrantable esperanza en la nueva justicia (la de Dios) que se ordena al amor y que hace de los hombres y de las relaciones públicas algo totalmente nuevo. Otros dicen que se trató más bien de una fiesta de acción de gracias por la liberación que Constantino llevó a la Iglesia con respecto al mundo pagano. Así, también la fiesta, sustituyendo otra anterior, tendría un carácter de renovación política: ¡Cómo tendría que sonar el "hoy ha nacido nuestro salvador", cuando esta palabra "SOTER=salvador" era un título que se le daba al emperador romano! Y para colmo aún añadían los cristianos que "Hijo de Dios" era aquel Cristo y no el poderoso emperador que recibía ese título... Por supuesto, tenía que sonar la proclamación del Evangelio en la Antigüedad como una subversión, como una revolución de valores. Las fiestas cambian, ciertamente. De otra manera quiso ver la Navidad, por ejemplo, Francisco de Asís en 1223, cuando, tres años antes de su muerte, marchó una Noche Buena con sus hermanos y hermanas de Greccio a celebrar la fiesta en el bosque, cantando allí el Evangelio navideño delante de una mula y un buey, en una gruta llena de heno y paja... Naturalmente aquello quiso significar algo más que un juego piadoso de sencillez y soledad. Francisco quiso salir de las ricas iglesias de la ciudad donde se sentaban los ricos, los nobles, con la distinción de sitios y también de cleros, con los privilegios de todos aquéllos: y quiso ir a sentir la oscuridad, el frío y la pobreza. Y así podríamos repasar mucho más la historia para ver distintos colores de la Navidad. Pero, ¿cómo es hoy la cosa? ¿Qué sentido damos al nacimiento de Jesús? Hace años que se alzan las lamentaciones que piden recuperar la fiesta de las garras del mundo del consumo y del mundo de la guerra que no cesa, para meterla en la celebración vivida de la comunidad de fe. Claro está que muchos no se sentirían a gusto celebrándola con el Oratorio de Navidad de Bach, ni adorando la imagen de un niño, ni con una predicación de un místico del siglo XIV. Es lógico que muchos querían pasar de interpretaciones nuevas o antiguas. Tal vez estemos algunos muy pobres en ideas y con pocas perspectivas, pero quisiéramos quizá que al menos quedase en nosotros no mucho más que una profunda esperanza: que ese pequeño y desvalido cuerpo de Cristo crezca en nosotros, en cada uno y en la vida pública. ¡Ojalá quede la esperanza! EUCARISTÍA 1987, 60
11. NAVIDAD Y DOCETISMO. Ya en el siglo primero de nuestra era cristiana se trató de desvirtuar la realidad de la encarnación del Hijo de Dios, pretendiendo que Dios se había hecho hombre solo aparentemente. Hoy, después de veinte siglos, persiste el intento de herejía en tantos y tantos que, de mil formas distintas, parecen interpretar la encarnación como si Dios se hubiese hecho hombre "a medias". Y no deja de resultar irónica la postura de tales cristianos que, sabiendo que Dios se ha hecho hombre para salvar a los hombres, parecen más interesados en salvar a Dios que a sus hermanos. No es Dios el que necesita ser salvado por los hombres -¡como iba a ser Dios!- sino los hombres los que necesitan ser salvados por Dios. Por eso Dios se hace hombre, para salvar a los hombres. Y por eso, claro está, los cristianos estamos comprometidos en la salvación de la humanidad. Esa parece que es claramente la voluntad de Dios al hacerse carne y aceptar nuestra condición humana. Sin embargo... discutimos y seguiremos discutiendo de horizontalismo, de temporalismo, de compromiso, de encarnación... Para unos será una exigencia clara del misterio de la "Navidad": para otros, en cambio, será una desvirtuación de la religión, que preferirían encerrarla en la cárcel de cristal de una espiritualismo, en abierta contradicción con la realidad de la encarnación del Hijo de Dios. Navidad significa que Dios se ha hecho hombre. Y si se ha hecho hombre de verdad -¿quién lo duda?- ha sido con todas las consecuencias. No es lícito reducir la Navidad a una anécdota en la historia. No es justo ridiculizar la presencia de Dios hecho hombre a un viaje de turismo de Dios por la tierra. Si el pecado del mundo ha llevado a Dios, por amor, a hacerse hombre para hacerse cargo de nuestros problemas. ¿Cómo se puede exigir a los cristianos, y en virtud de qué religión, dejar de lado las cuestiones humanas para dedicarse a Dios? Pues Dios "por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo y se hizo hombre". EUCARISTÍA 1973, 6 -.- 12. El hecho del nacimiento de Jesús tiene una importancia capital. Los hechos concomitantes la tienen menos. Por el contrario, la meditación que el "midrash", por una parte, y Lucas, por otra, tejen en torno a esos hechos es decisiva, puesto que nos ayudan a pasar del hecho al misterio, de la historia a la doctrina que encierra. Ahora bien, la reflexión de la comunidad primitiva y de San Lucas recae a la vez sobre el carácter humano, soberano y divino del recién nacido de Belén. Nos invita a mantener firmemente la fe en las dos naturalezas del Hombre-Dios. Pues bien, la fiesta de Navidad ha sido establecida precisamente para luchar contra las herejías que alteraban la personalidad de Cristo. Reduciendo a Cristo a una persona humana, el arrianismo se constituyó en guía de cuantos no toman en consideración más que al hombre para salvarle y transforman la Iglesia en institución humana, política o social. Reduciendo a Cristo a su naturaleza divina, el monofisismo se constituía en patrón del integrismo, despreciando muchas veces hasta la creación y la naturaleza humana, e incluso el esfuerzo del hombre. Toda la liturgia de Navidad ha sido elaborada en épocas en que la Iglesia luchaba contra las herejías que todo se lo asignaban a Dios o, por el contrario, todo al hombre. Pues bien, nuestra pastoral de Navidad corre hoy el peligro de derivar hacia uno y otro de esos excesos, ya sea no considerando en Navidad más que los problemas humanos de paz o de pobreza y las soluciones humanas que se pueden aplicar, ya sea no considerando más que la divinidad de Cristo hasta el punto de olvidar su actividad humana y de no observar los aplazamientos de la fe humana en la sacramentalización y la conversión de los hombres. Una visión exacta de la personalidad de Cristo nos permite, por lo demás, renovar, con motivo de la Navidad, nuestra manera de celebrar la Eucaristía adquiriendo más conciencia de que no es un rito mágico bajado del cielo, sino un encuentro del hombre y de Dios, preparado y celebrado por mediación del sacerdote. MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA I -.- 13. Navidad debe ser el comienzo de la solidaridad. Si Dios se hace hombre en Jesús, en él todos los hombres somos hermanos y miembros de la misma familia. Ninguna razón, ningún pretexto, ninguna ley económica o de mercado puede prevalecer sobre este hecho fundamental. Es injusto todo progreso nacional o regional, mientras más de medio mundo se ve impedido de alcanzar lo elemental para la vida. Dios se ha hecho hombre y ha querido estar entre los pobres, para que nadie aspire a enriquecerse, y menos a costa de los otros, al precio del despojo de unos, del hambre de otros, de la miseria de tantos. SENTADOS A LA MESA DEL SEÑOR. La eucaristía, en la que celebramos el amor y la solidaridad de Dios que dio su vida para darnos la vida, es siempre un imperativo de solidaridad. Sólo podemos celebrar el amor de Dios, si nos amamos unos a otros. Sólo podemos celebrar la solidaridad de Dios, si somos solidarios entre nosotros. En la mesa del Señor, todos tenemos un sitio, todos tenemos invitación, todos disponemos del pan y la palabra. Pero no ocurre así en la mesa del desarrollo, donde unos viven muertos de hambre y otros abandonados, desasistidos, solos y olvidados. La solidaridad y el amor de Dios son una apelación inexcusable para que construyamos una nueva sociedad donde haya pan y palabra para todos. Donde todos puedan satisfacer sus necesidades y todos puedan vivir en comunión. EUCARISTÍA 1988, 61 -.- "Diversas circunstancias han conducido a la Iglesia a situar la celebración del nacimiento del Señor en el solsticio de invierno. No es ello una simple coincidencia fortuita, sino que ahí debemos ver el esclarecimiento de una verdad de fe, a saber, que Cristo no es solamente el Salvador de la humanidad, sino también el Redentor de los siglos y de la creación entera" (J. LEMARIE, "La Manifestación del Señor"). "Si el sol se oscurece en el momento de la pasión de Cristo, en su nacimiento es necesario que resplandezca más deslumbrante que de ordinario... Si este nacimiento es algo tan extraordinario, extraordinarios también son los homenajes que se le rinden. En este día en que nace el Señor, los ribazos están en vela, los ángeles se regocijan el sol ofrece sus homenajes y la estrella sus servicios. De esta forma los ángeles y los collados expresan su alegría; los elementos que no tienen voz manifiestan su alegría mediante sus buenos servicios" (Sermón atribuido a san ·Ambrosio-SAN, pero, más probablemente, el autor es san Máximo de Turín, del siglo V). "En casi todos los textos patrísticos aparece esta misma idea: que el Sol Invictus es la figura de Cristo, verdadera luz que ilumina a todo hombre... Comienza un nuevo año que conocerá la sucesión alternativa de la luz y las tinieblas predominando sucesivamente. Progresando sucesivamente según el ritmo creciente de la luz, el Misterio de Cristo se desenvuelve a lo largo de todo este primer semestre que alcanzará su plenitud en el estallido pascual de la vida y en los fuegos de Pentecostés. El sol se encontrará entonces en su cenit. Pero esta manifestación de alegría está contenida ya en la victoria inicial. La alegría primaveral y la magnificencia del verano están ya en germen en esta salida nueva del Sol Invictus. Así sucede en el Misterio de Cristo: la alegría pascual tiene su origen primero en el Misterio de la Encarnación, y el esplendor de la parusía de la Jerusalén celestial será el último fruto de la venida de Dios sobre la tierra. Todo este misterio de resurrección y de vida está contenido en a Encarnación y Natividad del Señor» (J. LEMARIE, o. c.). HEUSCHEN - EDIC. MAROVA/MADRID 1965.Pág 55 s. -.- 15. Lo importante no es que creas que ha nacido un niño, ni siquiera que ha nacido Dios, sino que ha nacido un Dios que te ama, te salva, te busca. Has de creer que ya estamos todos salvados. Has de creer que alguien te ama gratuita e incondicionalmente, que la vida toda tiene ya sentido. Va a nacer un niño que se llamará «Yahveh salva» o Jesús. Has de creer que El es el único Salvador, que «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el cual podemos salvarnos» (Hch. 4, 12). Has de creer que no te salvarán los señores de la tierra ni las influencias ni el dinero ni tus hermosas cualidades. Has de creer que tú no te puedes salvar solo. Has de creer que Jesús es tu Salvador. FUEGO EN LA TIERRA - ADVIENTO Y NAVIDAD 1988.Pág. 98 -.- 16. "Compartió en todo nuestra condición humana", dice la plegaria eucarística IV. Me atrevería a decir que esta afirmación básica de la fe cristiana no está adecuadamente presente en nuestra predicación. Me parece que -quizás inconscientemente- mantenemos la dicotomía entre el "Dios en el cielo" (la trascendencia absoluta) y el "hombre en la tierra" (tanto los "valores humanos" como el "pecado humano"). Cuando el mensaje cristiano -muy propio de este tiempo de Navidad-Epifanía- es el sacramento unitivo entre Dios y el hombre, basado en el Dios-hombre, como signo y realidad de una comunión entre Dios y el hombre. Las consecuencias son claras: a Dios le conocemos a través de un hombre, del hombre Jesús. Que comulga con la vida humana y la comparte. Y el camino de "divinización" -es decir, de cada vez mayor comunión real con la vida y el amor, la justicia y la libertad, la bondad y la verdad... que es Dios- pasa por el seguimiento del camino que es Jesús, hijo de María, hombre de su pueblo y de su tiempo, niño en Belén y plenamente adulto en la cruz de Jerusalén, vivo para siempre ahora en el cielo y en la tierra. Dicho de otro modo: no hay vida cristiana sin divinización de nuestra vida humana y sin humanización de la vida divina. Es el misterio de la Encarnación (que, no lo olvidemos, produjo las primeras y grandes herejías que -de algún modo- siguen presentes en nuestro modo de concebir el cristianismo: es la gran dificultad de admitir que un Dios sea hombre o que un hombre sea Dios). J. GOMIS - MISA DOMINICAL 1981, 24 -.- 17. ¿Cómo no amar a este mundo y a estos hombres, a esta historia y a este tiempo? Lo que Jesús amó es digno de nuestro amor, no faltaba más. Sin adjetivos. Que si nuestro tiempo es mejor o peor. Que si estos hombres son más religiosos o menos. Que si este pueblo me cae simpático o antipático. Este es el mundo en que Jesús vivió, gozó, sufrió, consoló, curó y murió, y al que ha dejado su presencia en el Espíritu que nos hace hijos. ¿Puede un cristiano dejar de amar a este mundo? NO HAY TESTIMONIO SIN REENCARNACIÓN. Pero no se puede contemplar a Jesús en el mundo y amar a Jesús en el mundo sin comenzar por donde él: estar en el mundo. Jesús acampó entre nosotros no sólo para amarnos sino para enseñarnos el camino de trasmitir a los demás, nuestros hermanos, este amor salvador. Los cristianos muchas veces hemos parecido estar como "ausentes" en el mundo, siendo así que la pedagogía de la evangelización, de la Buena Nueva es empezar por donde Jesús: tomar carne en nuestro mundo, sentirnos uno más, en sus alegrías y tristezas, en sus esperanzas y fracasos. Por eso, acertadamente el documento programático de la evangelización en el mundo contemporáneo (Evangelii Nuntiandi, de Pablo VI) nos vuelve a la pedagogía de Jesús: primero, situarse-encarnarse- solidarizarse, callar y aprender mucho; segundo, contemplar esa realidad que vivimos a la luz de la Palabra y el Proyecto de Dios; y sólo en tercer lugar, atrevernos a dar testimonio del amor de Jesús, con nuestras palabras y opciones solidarias. Desde que "la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros" ya no es posible hablar de Dios de memoria, en teoría, desde las ideas prefabricadas, sino en un difícil y permanente proceso de encarnación solidaria. J. M. ALEMANY - DABAR 1990, 5 -.- 18. MARÍA NOCHEBUENA -.- 19. El viejo y pobre establo de los países antiguos, de los países pobres, del país de Jesús, no es el pórtico de columnas y capiteles, ni la caballeriza científica de los ricos de hoy en día, ni el belén elegante de la Nochebuena. El establo no es otra cosa que cuatro paredes toscas, un empedrado mugriento y un techo de vigas y de lajas. El verdadero establo es lóbrego, sucio, maloliente; lo único limpio en él es el pesebre, donde el amo dispone el heno y los piensos. .............. Ese es el verdadero establo en que Jesús fue parido. El primer aposento del único puro entre todos los nacidos de mujer fue el lugar más asqueroso del mundo. El Hijo del Hombre, que había de ser devorado por las bestias que se llaman hombres, tuvo como primera cuna el pesebre en que los animales desmenuzan las flores milagrosas de la primavera. No nació Jesús de casualidad en un establo. ¿No es acaso el mundo un establo inmenso en el que los hombres engullen y estercolan? ¿No transforman acaso, por arte de una alquimia infernal, las cosas más bellas, más puras y divinas en excrementos? Y a continuación se tumban a sus anchas sobre los montones de estiércol y dicen que están "gozando de la vida". G. PAPINI - HISTORIA DE CRISTO -.-
La "patria chica" de Jesús - Belén, de ayer a hoy "Pero ti, Belén de Efrata, pequeña entre las familias de Judá, de ti saldrá el que ha de ser jefe de Israel, y cuyo origen es antiguo, inmemorial, y se afirmará y apacentará con la fortaleza de Yahvé, con la majestad del nombre de su Dios. Y habrá seguridad, porque su prestigio se extenderá hasta los confines de la tierra. (Libro del profeta Miqueas. 5, 2-4). A diez kilómetros de Jerusalén y tras superar varios controles del ejército israelí, edificada sobre dos colinas que miran al desierto de Judea, se encuentra el pueblo en el que nació Jesús, su "patria chica": Belén. En la actualidad es una ciudad fundamentalmente árabe muchos de ellos cristianos con unos 35.000 habitantes. En el Antiguo Testamento, Belén era conocida por ser la cuna de David, elegido por Dios como rey de Israel y de quien, según la Promesa, nacería el Mesías. En el Nuevo Testamento, los evangelistas san Mateo y san Lucas afirman que el nacimiento de Jesús tuvo lugar en Belén, en tiempos del rey Herodes, bajo César Augusto, señalando además que se produjo en un lugar donde había un pesebre y que allí el Niño fue envuelto en pañales y colocado por la Virgen María. Ésta era precisamente la señal dada a los pastores por el ángel para reconocer al Salvador anunciado. Los primeros cristianos ya veneraron el sitio en concreto una gruta como lugar sagrado y, apoyado por testimonios, entre otros el de Orígenes, que conocía bien el sitio, el emperador Constantino mandó edificar una gran basílica sobre la cueva del nacimiento, inaugurada en el año 339. No mucho después sería saqueada y destruida. La actual es una basílica bizantina construida por el emperador Justiniano en el año 529 y adornada por hermosos mosaicos. Construida con cuatro filas de columnas, la basílica tiene forma de cruz latina con el transepto rematado en ábside, igual que la nave central de 54 metros. El techo es de madera tallada con tres cuerpos superpuestos. La propiedad y el culto de la basílica lo comparten tres confesiones cristianas: la grecoortodoxa, la armenia y la latina o católica. Adosada a la basílica y comunicada con ella, los frailes franciscanos rigen también la Iglesia de Santa Catalina que hoy es la parroquia católica-latina de Belén. Este sería la segunda Nochebuena de Belén sin la presencia del Ejército Israelí en su calles, después de 28 años de ocupación militar. De nuevo el presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Araft, acompañará al Patriarca latino de Jerusalén, el también palestino, Michel Sabbah, en la Misa del Gallo que la comunidad parroquial de Belén celebre en el templo de Santa Catalina. Con la retirada de las tropas israelíes no se han alejado los problemas al pueblo palestino de Belén, la paz sigue siendo extremadamente frágil, sobre todo con el actual primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu y su política de asentamientos. El centro de interés de la basílica lo constituye la Gruta de la Natividad que se encuentra bajo el presbiterio, lugar donde se sitúa el nacimiento de Cristo. Es un espacio de reducidas dimensiones (12,3x 3,5 metros) y bastante deteriorado, de forma rectangular con un pequeño ábside en el extremo oriental donde se encuentra un altar, debajo del cual, una estrella de plata señala el sitio exacto donde Cristo nació de la Virgen María. A tres kilómetros de Belén está otro de los lugares navideños: Bet Sahur, conocido como el "Campo de los pastores". Es el sitio donde señala la tradición el anuncio del nacimiento de Cristo por parte del ángel a los pastores. En la actualidad es una población de unos 6.000 habitantes, en su mayoría árabes cristianos. Allí se levanta una moderna iglesia construida por los franciscanos, guardianes de los Santos Lugares. Cada año, por estas fechas, Belén se llena de peregrinos. Ojalá que la paz anunciada allí por los ángeles para los hombres de buena voluntad, se haga realidad en la "patria chica" de Jesús. J. M. Gil-Tamayo-.- 21. Carta del Arzobispo - La gente buena cuando Jesús nació
Visité, no hace mucho, el famoso museo murciano de imaginería religiosa, obra del genial escultor del siglo XVIII Francisco Salcillo. Sobresale allí un prodigioso Belén, con cientos, quizá miles, de figuritas de exquisita artesanía: plantas, animales, personas, campos, plazas, calles y casitas. Críos por todas las esquinas, muchachitas y mozuelos, gentes adultas, corrillos de vecinos, viejecitos tomando el sol. Un fabuloso retablo viviente, en el que apenas se aprecia que las figuras no se mueven. Uno mismo, sin notarlo, le pone voz a los vendedores ambulantes, murmullo a los riachuelos, gorjeos a los pájaros, gritos a los niños. Los labradores, pastores, albañiles y vendedores, las amas de casa y las lavanderas, están como suspensos en el tiempo, fijados por el artista en un silencio de adoración. Los árboles y las plantas, los animales y las personas irradian bondad y fraternidad, alegría y emoción religiosa. Lo de Salcillo es un Belén viviente, aunque no semoviente. Los castillos, las granjas, los caminos, los riachuelos apuntan al Portalico. Allí María y José; allí el Niño Dios. Detrás, absortos, la mula y el buey. Acampó entre nosotros. Belén, casa de pan y de paz. ¿Fue la navidad de Jesús como la plasmó Salcillo? ¿Eran los personajes rústicos de Belén como los labriegos murcianos del siglo XVIII? ¿Qué destila el misterio de la Navidad, tal como nos lo describen Lucas y Mateo en sus respectivos Evangelios de la infancia? Diríase que los trazos negativos son fuertes y oscuros: Jesús no encontró albergue en Belén y nace en un pesebre; los maestros de Israel no le echaron cuenta, Herodes lo persiguió a muerte; sus padres, con él, tuvieron que emigrar a Egipto. Fueron muy duros los prólogos de su asentamiento definitivo y, pensamos que apacible, en Nazaret. Sea cual sea la lectura del Evangelio de la infancia, se entrecruzan astillas de la cruz en la cuna del Niño Dios. Con todo, lo que más se desprende de los evangelios y lo que ha prevalecido siempre en las celebraciones cristianas de este misterio, son los sentimientos de alegría, de esperanza y de paz. ³Os anuncio un gran gozo... os ha nacido un Salvador² (Lc. 2, 1011). Esto dicen los ángeles a los pastores. Y los Magos, al redescubrir la estrella, ³sintieron un grandísimo gozo y, llegando a la casa vieron al niño con María, su madre, y, de hinojos, lo adoraron...² (Mt. 2,10 -11). Los mismos sentimientos se destilan de la pequeña galería de personajes navideños a los que paso a referirme. El papel de San José Nos saltamos a María, porque ella es la Navidad. También lo es, en su medida, San José, pero su protagonismo es discreto, aunque ocupa el primer puesto entre los que asumieron activamente la venida del Mesías. Ejerció de padre suyo, como esposo de María. Antes de conocer el misterio, quiso desaparecer de escena para no empañar la fama de la Virgen. Fiado en Yahvé su Dios, siguió las indicaciones del ángel: la acogió en matrimonio, fue sombra protectora para ella y para el Niño, los sostuvo con su trabajo, ejerció de padre de familia. ¿Conocen ustedes alguna palabra de San José? Yo tampoco. No era ciertamente sordomudo. Pero, frente a tanto bocazas, he ahí a un hombre hecho y derecho, un israelita sin tacha, fiel a su Dios y a los suyos, intermediario eficacísimo en la venida de Cristo al mundo. Claro que "como era justo" dice san Mateo, con palabra inspirada, pues ya estÁ dicho todo. José, canonizado por el santo Evangelio. La figura de Zacarías Sacerdote dignísimo del templo de Jerusalén, esposo de Isabel. "Ambos eran justos en la presencia de Dios e irreprochables caminaban en los preceptos y observancias del Señor" (Lc. 1, 5-6). Un día, mientras oficia en el Sancta santorum, le habla el Ángel del Señor: "Tu mujer anciana y estéril te dará un hijo, al que llamarás Juan y será grande en la presencia del Señor, que viene a preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Cf. ibid. 8-17). Lo demás, ya lo conocemos. Zacarías duda y pregunta. Queda mudo por su falta de confianza en el anuncio. Pero tanto él como su esposa siguen fieles al Señor y preparan la venida del Bautista. Cuando éste nace, su padre recobra el habla y lo presenta a todos en estos términos: "Te llamarás profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos..." (Ibid. v.76) Zacarías presenta una estampa de hombre justo, de adorador del Padre, de esposo fiel, de padre generoso. De servidor del culto y de la palabra. De creyente ejemplar en la espera ardiente del Mesías. Nos hizo quedar bien a los clérigos como miembro del estamento eclesiástico. Su esposa Isabel De ella, está dicha la mitad con lo hablado sobre su marido. Mujer orante y estéril. Por eso le diría el ángel a Zacarías que Dios había escuchado la oración de la pareja. Ella lo reconoció agradecida: "Al Señor le plugo quitar mi oprobio delante de los hombres" (v.25). Vamos calando así en la interioridad religiosa de Isabel, que se nos manifestará a raudales en la escena de la Visitación. "Así que oyó Isabel -dice San Lucas- el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno e Isabel se llenó del Espíritu Santo y clamó a voz en grito: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí que la madre de mis Señor venga a visitarme?" (vv.42-44). Ella compartió con María los secretos de Dios. Completó, en elogio de su prima, las palabras del Ángel. Fue visitada por el Espíritu. Experimentó la grandeza soberana de aquellos acontecimientos y se sintió pobre ante ellos. Canonizada también por el Evangelio, Isabel esposa y madre, orante humilde, abierta a la comunicación espiritual. Como tantas mujeres asombrosas, que todos conocemos. Los pastores de Belén Estaban de guardia, junto al ganado, en las colinas de Belén, quizá de tertulia nocturna, quizá tumbados ya sobre el petate. En todo caso, cumpliendo su deber y bien avenidos entre sé. Gente creyente y sencilla, con religiosidad popular, sin mucha teología. Oyeron con júbilo el anuncio del ángel sobre el nacimiento del Mesías, acudieron presurosos a Belén a rendir su homenaje al Salvador y contaron luego a cada hijo de vecino lo que habían visto y vivido. "Y cuantos los oían se maravillaban, dice el Evangelio, de lo que les decían los pastores" (Lc. 2,18). Humildes, creyentes y testigos. ¿Hay quién da más? El anciano Simeón "Hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel y el Espíritu de Dios estaba en él" (Ibid. v.25) Venía desde tiempo esperando al niño en el templo de Jerusalén y sabía, por una luz especial de Dios, que no moriría sin verlo. Lleno del Espíritu Santo tomó al Niño en sus brazos y prorrumpió en un cántico: "Ya puedo morir en paz porque mis ojos han visto al Salvador". Llamó a Jesús luz de las gentes y signo de contradicción, dos títulos de Jesucristo para siempre. Le anunció también a María su compasión redentora. Santo, místico, profeta, Simeón. Inigualable acogedor de Jesús en la Tierra. Ana, la profetisa Otro ejemplar fuera de serie. Sesenta años de viudez, durante los cuales "no se apartaba del templo, sirviendo con ayunos y oraciones, noche y día". Estaba allí cuando llegó Jesús y "hablaba de él a cuantos esperaban el consuelo de Israel" (v. 38). Un caso, sin duda, excepcional. Mujer orante y penitente, purificada hasta la transparencia. Ojos limpios y abiertos, como los de Simeón, para descubrir al Mesías de Dios. Lengua movida por el Espíritu para anunciar el misterio de Cristo a cuantos esperaban su advenimiento redentor. Santa patrona de tantas beatas, de las que a veces hacemos irrisión y que son morada de Dios y buen olor de Cristo. Los magos de Oriente Personajes de historia, con hado de leyenda. Por eso los han fijado en tres, los han elevado a Reyes, han situado sus tierras de origen en Media, en Cádiz o en Etiopía. Su mensaje es hermoso, donde los haya. Gente con inquietud intelectual y espiritual. Muy al estilo del Oriente y de la época, escudriñan los cielos. Si nunca hubieran mirado hacia arriba, jamás habrían descubierto la estrella inquietante. Lo que más no fue el verla, sino seguirla, soportar la prueba de su desaparición temporal y buscar datos más ciertos entre los doctores de Jerusalén. Volcar luego su corazón y sus tesoros a los pies del Niño y de María. Eso, tan bello, es la corteza del acontecimiento, porque el meollo, la ventana del misterio, es la Epifanía, que celebra el 6 de enero toda la cristiandad. Los magos son, más que los autores, los agraciados con una manifestación singular de Cristo a los gentiles. Ellos fueron los adelantados de todos los venidos a la fe desde fuera del judaísmo. Abrieron paso al nuevo Pueblo de Dios, de toda raza, pueblo y nación. A nosotros. + Antonio Montero - Arzobispo de Mérida-Badajoz. España -.- 22. La Navidad es, por sí misma, un contraste grandioso, por no decir que escandaloso, entre la grandeza soberana de Dios y la insignificancia tremenda del nacimiento de su Hijo, un bebé que llora y ríe, que mama y moja los pañales, igualito que nosotros, como cualquier hijo de Adán, semejante en todo a los demás nacidos, menos en el pecado. Él se hizo pobre para hacernos ricos y apostó sin titubeos por todas las pobrezas, de las que no nos escapamos ni uno. Gentes hay tan necesitadas, que no tienen más que dinero. Otros están escadenados a sí mismos, prisioneros del propio egoísmo, más solos que la una, por más que intenten sofocar con ruido y con alcohol su tremenda indigencia interior. Antonio Montero -.- 23. Y para finalizar, un pensamiento navideño que he recibido y me ha hecho pensar mucho. Es de Anselm Grün: “Nuestra vida puede parecer un palacio. Pero todo palacio esconde un establo. El establo de la mediocridad y del desorden. El que no siempre huele bien y que queremos ocultar de las miradas de los otros. Es precisamente ahí y en ningún otro sitio donde Dios quiere nacer en mi vida”. 1. ALEGRIA/NV "Concédenos llegar a la Navidad y poder celebrarla con alegría desbordante" (Colecta). María es la "causa de nuestra alegría" (cf. letanías) porque por ella "hemos recibido a tu Hijo JC, el autor de la vida" (colecta del día 1 de enero). La alegría cristiana no es un estado anímico, ni quiere decir que todas las cosas tengan que salirnos como deseamos. En esta Navidad, por ejemplo, habrá miembros de nuestra comunidad que se verán afectados por situaciones esencialmente dolorosas: la muerte reciente de un hijo, una enfermedad grave... La alegría cristiana no es un velo multicolor que nos esconda los achaques y los sufrimientos: si así fuera, sería evasión y escuela de inmadurez. Cuando pedimos "poder celebrar la Navidad con alegría desbordante" estamos hablando de aquella alegría que se instala en lo más sensible de nuestro espíritu, allí donde éste entra en comunión con el Espíritu de Dios y es movido por él. "Y nadie será capaz de quitaros vuestra alegría" (Jn 16, 22). La Navidad trae a todo el pueblo "una gran alegría" (evangelio de la noche" porque "ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres..." (2.lect. id). Por eso, "si Dios está por nosotros, quién contra nosotros?...ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios (manifestado) en Xto Jesús, nuestro Señor" (Rm 8, 31.39). J. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1990, 23 -.- 2. Dios habla, Dios se expresa, aunque sea inexpresable. En Dios, la Palabra es la expresión del ser. En el Principio existía la Palabra, en ese principio que es el origen absoluto, puesto que es Dios mismo. Dios existe hablando: Dios es diálogo, palabra intercambiada, comunicación absoluta, comunión perfecta. Por haber aislado nosotros al ser en una sociedad infranqueable, nos cuesta trabajo concebir la Trinidad divina. Pero ésta, aunque sigue siendo un misterio, no es un "problema" para el hombre que vive su propia existencia en el cara a cara interpersonal que le permite hacerse. Dios es palabra dinámica: existe actuando, hasta tal punto de que su Palabra le es consustancial, su otro yo, por así decirlo. Lo de "dijo... y fue hecho" hay que afirmarlo de Dios mismo, y no sólo de sus acciones en el mundo. Dios es, porque él se dice en su Verbo eterno. (...) El Verbo se hizo carne. Se hizo amor fraterno y amistad, capacidad de perdón y ternura de una mirada. Por sus venas corre sangre de hombre, y de su corazón brota agua viva. Fue a Caná y a la cruz: conoció a Pedro y a Magdalena, a ti y a mí. Después de haber hablado por medio de tantos profetas, Dios se puso a hablar por boca de su Hijo eterno, que es el rostro de su gloria. Su palabra penetró en el hombre, pero con la humildad de un rostro ofrecido, a través del quejido de una voz que se apaga, en la pasión de un hombre que lo arriesga todo, incluso a sí mismo. (...) Que la celebración de la Palabra y del Pan robustezca en nosotros, cada día, la fe en el Dios hecho hombre, pero también la fe en el hombre, que ha sido llamado a ser hijo de Dios. Un hombre de carne y sangre. ¡Ese hombre eres tú! DIOS CADA DÍA - SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL -.- «Ellos llaman a este día el del nacimiento del Sol invicto. Pero ¿qué más invicto que Nuestro Señor, que ha destruido y vencido a la muerte? Le denominan igualmente día del nacimiento del sol. Pero ¿no es éste, Nuestro Señor, Sol de justicia, de quien escribió Malaquías: Para vosotros que teméis a Dios se levantará su nombre como sol de justicia y la salvación está bajo sus alas?». (Autor siglo lll) -.-
Navidad para el pobre CARITAS - RIOS DEL CORAZÓN - ADVIENTO Y NAVIDAD 1992.Págs. 101 s. -.-
¡Navidad!... fiesta del Cielo, fiesta del alma… fiesta en la familia…
De muchas maneras se puede celebrar la fiesta de las fiestas… de muchas maneras se puede esperar a Dios que va a nacer entre los hombres. El cristiano la festeja con gozo, austeridad y mayor recogimiento para buscar el amor de Jesús, en el silencio de la oración y la soledad caritativa con los que más sufren. El cristiano sabe de los quereres humanos, añora el calor de la Navidad entre sus hermanos, los suyos, en su casa, con sus padres, familiares, amigos... Será una noche de alabanzas al Niño Dios, habrá turrón y mazapán, músicas y cantares, pero Dios pedirá algo más: nuestro corazón. Gozaremos en la Liturgia, esperanza en los cantos de la Iglesia, himnos que hablan de amor, suavidad del corazón recordando en el silencio del templo la humildad de María, la castidad de José… el amor de Dios. Mezcla armoniosa de melodías de ángeles y pastores... Incienso y mirra ofrecidos por almas que deslizan su vida en el servicio divino… oro de sacrificios… sacerdotes santos, mansos corderos en el altar de Belén. A nuestras espaldas, soledad del presidiario, hombres heridos en la cama del hospital, huérfanos del amor humano bajo los puentes –victimas y sombras de nuestros orgullos-; habrá hombres sin algazara ni mesas opíparas, ni músicas, ni zambombas, ni tambores… A ellos primordialmente demos la Navidad, pero no una navidad como piedras lanzadas por los hipócritas del ayer. Seamos Navidad del que necesita verdadera humanidad: corazón abierto y servicial, melodías de perdón, susurros de misericordia, perfumes de Belén. En el cristiano humilde, quepa la Navidad de adoración en silencio, alegre y saciado de leticia celeste, un corazón desprendido de la tierra y puesto a los pies de Jesús en el portal para que lo lleve al Cielo cargando nuestra humanidad. Allí Él hará uso de ese corazón, si le damos autorización. Navidad, días dulces y serenos, días de amores divinos, abrazos humanos y manos entrelazadas, días de calma y paz; días en que el alma vuela por los campos de Samaria. Sueña en glorias infinitas y se abisma contemplando la bondad inconmensurable… el amor de Dios al hombre, su Encarnación en María, su desnudez y su frío que esconden humildemente la majestad que no cabe en los Cielos. Las cascadas de cristalinas aguas, el aleteo de los pájaros, los aromas de jazmines –fragancias del Edén-, constelaciones cósmicas, como los pastores de la Judea no requieren ruido, desprecian veleidades caprichosas, no necesitan fiesta mundana para glorificar al Recién Nacido. El cristiano deposita a su Rey en el pesebre, su corazón de carne y espíritu y no se acomoda demasiado a la diversión frívola que olvida al homenajeado. La fiesta, la alegría, las músicas y los golpe de zambombas los lleva en su corazón enamorado de Jesús, en un silencio gozoso… en un cantar interior… en un amor callado y discreto… en un doblar la rodilla frente a quien no sabe del Cristo porque hubo cristianos que no despidieron el efluvio acogedor -emanación de divinidad- de aquel Niñito Dios, no ofrecieron consuelos y hasta torcieron las palabras de Vida Eterna… no vieron en “María la fuente de la verdadera luz”, al decir de San Juan Damasceno. ¡Navidad¡ Contemplemos asombrados cómo ‘una Virgen concebirá un Hijo y su nombre será Emmanuel’, y ‘los caminos torcidos serán enderezados, y los escabrosos allanados…’ y será oído el llanto de la viuda, el sufrir del injuriado, la oscuridad del ciego, la hemorragia del enfermo, el pundonor del escandalizado… Escribe Lucas, cap.17: 1 Después dijo a sus discípulos: «Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! ¡Navidad¡ No se necesita ruido para amar a Dios; no importa la soledad, ni el silencio, ni la austeridad, ni la penitencia, ni el sufrir mucho o poco a quien sabe que ‘lo desierto e intransitable se alegrará, y saltará de gozo la soledad, y florecerá como lirio’. Dos mil años llevan transcurridos desde aquella noche a nuestros días, y también ahora el milagro de Jesús se repite: la primera lección del amor de Dios, que busca como primer apoyo en el mundo, el amor entrañable de María, la fidelidad del José pobre y la humildad de unos pastores sencillos… ¡Es Navidad 2009! Tratemos a nuestros hermanos como María cuidó el cuerpecito indefenso del Dios viviente. ¡Es Navidad!
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"La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9, 37-38). 5. En este día las tinieblas empiezan a disminuir y, al progresar la luz, los límites de la noche retroceden. No es casualidad que esto ocurra en la fiesta en que la vida divina se manifiesta a los hombres... Tú ves a la noche que llega a su límite extremo -no puede ya ir más lejos-, detenerse y retroceder. Entiéndelo, de la noche oscura del pecado. Esta se había extendido... había alcanzado la cima... Tú ves los rayos del sol más fuertes y al sol más alto que de costumbre. Hay que entender esto de la aparición de la verdadera luz». San Gregorio NISENO -.- 6. Ofrenda de un hombre en paro Ángel Barquilla Ramiro, O.S.A. -.- En Cristo se revela la humanidad de Dios y la divinidad del hombre. Apareció la benignidad y la humanidad de nuestro Salvador ( La divinidad de Dios no es, pues, «una prisión en la que se complazca en vivir en sí mismo y para sí mismo. Es, más bien, su libertad de ser en sí y para sí mismo, pero al mismo tiempo con nosotros y para nosotros. La libertad de afirmarse, pero también de darse; de poseerse plenamente, pero también de hacerse pequeño. Es todopoderoso, pero con la omnipotencia de la misericordia. Es Señor y, al mismo tiempo, siervo; es el juez y, al mismo tiempo, el acusado; el Rey del hombre en la eternidad y su hermano en el tiempo» (25, 26). Cuando se mira a Jesucristo se descubre que Dios no necesita la negación del hombre para ser afirmado. «En Jesucristo se ha decidido de una vez para siempre que Dios no existe sin el hombre, que no ha querido existir sin el hombre, sino con él y para él». En Jesucristo se nos ha revelado que la verdad de Dios es su filantropía, su amistad hacia los hombres. En Jesucristo se nos revela la humanidad de Dios incluida en su divinidad» (28. 30). Se nos revela «la bondad y humanidad grande de Dios» (Santa Teresa, Vida, 34, 8). El segundo misterio revelado en la Navidad se refiere a nosotros. La humanidad de Dios revelada en Jesucristo revela a su vez la divinidad del hombre. Porque Dios no se ha quedado acantonado en su divinidad, el hombre no se ve condenado a su humanidad. Porque en Jesucristo Dios bajó de los cielos, el hombre pudo subir a los cielos y estar sentado a la derecha del Padre. En su persona, Jesucristo es el Dios del hombre y como hombre verdadero el fiel interlocutor de Dios; él es a la vez el Señor que se baja hasta comulgar con el hombre y el servidor elevado hasta la comunión con Dios... En su persona Jesucristo es la alianza en su plenitud, el reino de Dios que se ha acercado, en el que Dios habla y el hombre obedece; en el que el honor de Dios brilla en lo alto del cielo... y la paz se hace un acontecimiento en la tierra entre los hombres que él ama» (20, 22). La humanidad de Dios nos revela, por fin, la verdad, la misteriosa verdad de todos los hombres nuestros hermanos, la dignidad de nuestra condición y el valor de nuestras obras y de nuestra cultura. «Porque Dios es humano... el hombre se ve revestido de una distinción enteramente especial. Todo ser dotado de rostro humano... todo hombre, con sus obras y realizaciones, recibe por ese solo hecho una dignidad particular. Desde el momento en que Dios se ha hecho un Dios humano, le ha sido otorgada al hombre una dignidad de la que no le debe privar ningún juicio pesimista, por bien fundado que esté». «Todo ser humano -incluso el más extranjero, el más despreciado y el más miserable- debe ser considerado por nosotros bajo esta perspectiva y debemos comportarnos con él en función de la decisión eterna según la cual Jesucristo es su hermano y Dios su Padre. Si la persona con quien nos encontramos lo sabe ya, debemos confirmárselo. Si lo ignora o lo ha olvidado, nos corresponde enseñárselo. A partir de la humanidad de Dios no existe otra actitud frente al hombre. Tal actitud equivale al respeto de su derecho y de su dignidad de hombre. Al rehusar tal derecho y tal dignidad a nuestro prójimo, renunciamos a tener a Jesucristo por hermano y a Dios por Padre». Basada en K Barth - L´humanité de Dieu +++
la aurora y el ocaso del sol, momentos religiosos típicos en todos los pueblos, ya convertidos en sagrados en la tradición bíblica por la ofrenda matutina y vespertina del holocausto (cf. Ex 29, 38-39) y del incienso (cf. Ex 30, 6-8), representan para los cristianos, desde los primeros siglos, dos momentos especiales de oración.
Algunos piensan, no sin razones que la cultura europea está en decadencia y puede llegar a desaparecer. No es imposible si se toma en el sentido estricto de europeo-occidental, pero en cambio no es posible si se refiere al fondo o núcleo esencial de la misma, el cristianismo, que primero fue judío, luego romano, bárbaro, feudal, europeo, americano y después africano y asiático. El cristianismo no está hecho para lograr una cultura propia, cerrada y perecedera, sino para ser la sal y la luz de cualquiera de las civilizaciones que vayan apareciendo y que quieran llevar en ellas algo de eternidad. +++ Acuérdate de tu final, y deja el odio Acuérdate de la corrupción y la muerte, Y guarda los mandamientos. Acuérdate de los preceptos, y no odies al prójimo, Acuérdate de la alianza del Altísimo, Y pasa por alto la ofensa. Aléjate de las querellas y evitarás pecados, Porque el hombre iracundo las atiza. El pecador siembra la discordia entre amigos, Y en medio de los que viven en paz lanza su calumnia. El fuego arde según su combustible Y la disputa se propaga según su violencia, La ira de un hombre depende de su fuerza, Y su cólera se levantará según su riqueza. Pendencia súbita enciende el fuego, Y la riña irreflexiva hace correr sangre. Si soplas sobre una brasa, se encenderá; Pero si la escupes, se apagará, Y, sin embargo, ambas cosas salen de tu boca. Sirácida – Capítulo 28 versículos 6 al 13 +++
† «Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea. La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual significa que su obligatoriedad procede de la ley eterna. En la medida en que ella se apartarse de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia. +++ "La verdadera sabiduría, entonces consiste en obras, no en grandes talentos que el mundo admira; pues los sabios en la estima del mundo… son necedad que hacen nada de la voluntad de Dios, y no saben como controlar sus pasiones" Sta. Brígida. +++
Benedicto XVI recordó que «’el gran Galileo’ consideraba que la Naturaleza y la Biblia eran dos libros escritos por el mismo Autor. El libro de la Naturaleza, escrito en lengua matemática, porque para construir el Universo es necesario el rigor de la matemática; la Biblia, siendo palabra de Dios, tenía que ser escrita en cambio en un lenguaje sencillo y accesible a todos, como deben ser los valores de nuestra existencia, que es una simbiosis de la esfera inmanente y de la esfera trascendental». 2008.I.
Por venir a visitarnos, os agradecemos.- Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. ‘Familia humana: Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!. -.- ¿Por qué repetimos y recomendamos algunos libros? - No responde esta habitual insistencia a ningún imperativo ni legal, ni moral, ni de compromiso alguno. El único compromiso es el del servicio a la conformación de una cultura católica que hoy es más necesaria que nunca. 1º ‘MAESTRO DE LOS PUEBLOS’ - Una teología de Pablo, el Apóstol. 2º ´Los ojos de María´, de Vittorio Messori y Rino Cammilleri - Es 1796: tropas napoleónicas van hacia Roma; hay milagros de estatuas que lloran. Messori investiga estos milagros. – Editorial ‘Styria’ - 251 páginas – Esp. 3º ‘Jesús de Nazaret’ – ‘Benedicto XVI’. 2007;al siglo: Joseph Cardenal Ratzinger 4º ‘El Libro negro de las nuevas persecuciones anticristianas’, Thomás Grimaux es el autor - Favre, 160 páginas. Valeurs Actuelles, 2008 -. Todo un acierto. Recomendamos vivamente: ‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia. In Obsequio Jesu Christi. † Ante todo, la exigencia de que profundice la conciencia de sí misma: origen, naturaleza, misión, destino final; en segundo lugar, su necesidad de renovarse y purificarse contemplando el modelo que es Cristo; y, por último, el problema de sus relaciones con el mundo moderno (cf. ib., pp. 203-205, nn. 166-168). † |