El primero que afirmó que Jesús nació el 25 de diciembre fue Hipólito de Roma, allá por el siglo tercero. Pero la atmósfera particular que se respira en esta celebración navideña fue favorecida sobre todo por san Francisco de Asís, debido al especial amor y devoción que este santo profesaba al misterio de la encarnación del Hijo de Dios. Tomás de Celano, el biógrafo de san Francisco, narra la intensidad con la que vivía y celebraba el pobrecillo de Asís la noche de Navidad, a partir de la experiencia maravillosa que tuvo ante el pesebre en Greccio.


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«Ellos llaman a este día el del nacimiento del Sol invicto. Pero ¿qué más invicto que Nuestro Señor, que ha destruido y vencido a la muerte? Le denominan igualmente día del nacimiento del sol. Pero  ¿no es éste, Nuestro Señor, Sol de justicia, de quien escribió  Malaquías: Para vosotros que teméis a Dios se levantará su nombre  como sol de justicia y la salvación está bajo sus alas?».  (Autor siglo lll). 

En este día las tinieblas empiezan a disminuir y, al progresar la luz, los límites de la noche retroceden. No es casualidad que esto ocurra en la fiesta en que la vida divina se manifiesta a los hombres... Tú ves a la noche que llega a su límite extremo -no puede ya ir más lejos-, detenerse y retroceder. Entiéndelo, de la noche oscura del pecado.  Esta se había extendido... había alcanzado la cima... Tú ves los rayos del sol más fuertes y al sol más alto que de costumbre. Hay que entender esto de la aparición de la verdadera luz».

San Gregorio NISENO

 

NAVIDAD - Todo sobre aquella noche

 

 

El viaje de María y José y la búsqueda de un lugar donde vivir el nacimiento de Jesús con reserva y discreción. El acontecimiento que divide en dos la historia del hombre

 

ANDREA TORNIELLI

 

«Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria. Iban todos a empadronarse, cada uno en su ciudad» (Lc 2, 1-3). En estas descarnadas líneas del evangelio de Lucas se hallan todas las noticias referentes a la fecha del nacimiento de Jesús, las circunstancias históricas en las que el Eterno ha entrado en el tiempo, asumiendo en todo, menos en el pecado, nuestra naturaleza humana.
El senador Sulpicio Cirino, citado desde hace dos mil años en las lecturas de la liturgia de Navidad, nació en Lanuvio, cerca de Túscolo, y había gobernado en Creta y Cirene. El historiador romano Tácito confirma que fue nombrado cónsul en el año 12 antes de Cristo y que fue gobernador de Siria como legado imperial, pero sitúa el desarrollo de esta tarea en los años 6-7 después de Cristo, es decir, algún tiempo después del nacimiento del Salvador. Para resolver el problema algunos exegetas proponen traducir así el texto de Lucas: «Este empadronamiento tuvo lugar antes (de aquel que se llevó a cabo) siendo Cirino gobernador de Siria». Pero, según el abad Giuseppe Ricciotti (autor de la Vida de Jesucristo), una inscripción fragmentaria descubierta en Tívoli a finales del siglo XVIII ofrece una base suficiente para afirmar que ya anteriormente Cirino fue legado en Siria unos años antes de la era cristiana, y que había ordenado el primer empadronamiento, el cual se prolongó durante algunos años y fue llevado a término por su sucesor, Senzio Saturnino. El registro de todos los habitantes de Palestina se desarrolló a la manera judía: todos los censados debían inscribirse en sus lugares de origen y no en el territorio donde vivían, como habría sucedido de haberse realizado según el ordenamiento romano.
«Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta» (Lc 2, 4-5). Las tribus judías se dividían en grandes familias y éstas en linajes; donde quiera que fueran a vivir, los nuevos grupos familiares conservaban con tenacidad el recuerdo de la cepa originaria. Belén (Beth-lehem, en origen Beth-Lahamu, es decir, “casa del dios Lahamu”, divinidad babilónica, interpretada después en sentido judío beth-lehem, “casa del pan”) era un pequeño núcleo que distaba nueve kilómetros de Jerusalén y en la época de Jesús no debía contar con más de mil habitantes, sobre todo pastores y campesinos. Sin embargo, era un lugar de paso para las caravanas que se dirigían de Jerusalén a Egipto, de modo que desde antiguo el hijo de un amigo del rey David, Chamaam, había construido un caravasar (en hebreo geruth, “hospedería”).


De viaje para empadronarse


Belén dista de Nazaret casi 150 kilómetros y el viaje de José y María no debió durar menos de tres o cuatro días. No sabemos si la ley obligaba también a la presencia de la esposa, además de la del cabeza de familia. Pero por las palabras de Lucas se puede intuir que el avanzado estado de gestación debió animarles a que la madre del Salvador no se quedara sola. Además, el ángel de la anunciación ya le había predicho a María que al que iba a nacer «el Señor Dios le dará el trono de David, su padre», y ello representaba una razón de más para que el parto tuviera lugar precisamente en Belén, la ciudad que el profeta Miqueas había indicado en las Escrituras como patria del Mesías de Israel. Se puede suponer que los caminos estarían en condiciones bastante desastrosas y atestados de familias desplazándose a causa del censo. En la mejor de las hipótesis - observa Ricciotti - los dos cónyuges debieron tener un asno, cargado con las provisiones y equipaje necesarios para el viaje. Un viaje nada fácil para María, que estaba a punto de dar a luz. Las tres o cuatro noches de camino debieron pasarlas en casa de amigos o más probablemente en los lugares públicos de descanso, a cielo abierto, rodeados de los demás viajeros, los asnos y los camellos. Llegados a Belén, José y María encontraron la ciudad de David abarrotada de gente. Incluso el caravasar, tradicional lugar de hospitalidad para los viajeros, estaba saturado. «Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2, 6-7). El albergue o posada (to kataluma en el griego de Lucas) no era otra cosa que el caravasar: un espacio a cielo descubierto, rodeado de un muro bastante alto. Dentro, en torno al patio, corría un pórtico que ofrecía refugio y estaba cerrado en algunos tramos por un murete. Así, se creaban una especie de pequeños habitáculos, reservados para quienes podían permitirse pagar por tener una intimidad mayor. El evangelista señala que «no había sitio para ellos en la posada». Según el abad Ricciotti, esta frase es más intencionada de lo que parece a primera vista. Es difícil imaginar que en el caravasar o en toda Belén no hubiera un rincón en el que acoger a los dos esposos. Sin embargo, ese «para ellos» podría indicar que en aquellos días y en aquellas circunstancias, con el abarrotamiento y la absoluta promiscuidad que se vivía en los lugares públicos y en las casas pobres de Belén, lo que María no encontraba era un lugar donde vivir el nacimiento de Jesús con reserva y discreción. Lucas se limita a escribir que «María dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre». El pesebre supone un establo y los establos, en la pobre ciudad de David, eran pequeñas grutas excavadas en la roca en los alrededores de las casas o en las colinas que rodeaban Belén.


Aquellos gestos modernos


José y María se acomodaron lo mejor que pudieron en una de estas sombrías grutas junto a algún que otro animal. De las palabras del evangelista se deduce que el parto tuvo lugar sin la ayuda de otras personas. La misma madre atiende al recién nacido, lo envuelve en los pañales y lo coloca en el pesebre, donde José, que ni siquiera es nombrado, debió disponer la paja limpia. «El texto deja entrever un parto fácil y bien llevado. Y María sabe llevar a cabo los primeros gestos maternos por instinto, como toda mujer», escribe René Laurentin en su Vida auténtica de Jesucristo. La alusión al «hijo primogénito» no debe conducir a engaño y hacer suponer que la Virgen traería al mundo otros hijos: “hijo primogénito” (en hebreo bekor) es un término técnico de especial importancia jurídica, porque el primogénito judío debía ser presentado en el Templo, circunstancia que Lucas describe en los capítulos sucesivos.
Así, el Mesías de Israel viene al mundo en la semioscuridad de una apartada gruta excavada en la roca. Es un soberano bien distinto del Herodes que reina en Jerusalén rodeándose de lujos en su palacio dorado. Pero también ese niño indefenso, ese rey de Israel nacido en circunstancias tan humildes, recibe el homenaje de sus primeros “cortesanos”. Súbditos cuya condición social no es muy diferente de la del mismo rey David, que era pastor de ovejas. Belén se alzaba y se alza en el límite con la estepa. Si bien es cierto que muchas cabezas de ganado eran conducidas a las grutas por la noche, también es cierto que muchos rebaños permanecían siempre a descubierto, día y noche, invierno y verano. Grupos de hombres los vigilaban y vivían con ellos durante todo el tiempo. «Estos pastores - escribe Ricciotti - tenían una pésima reputación entre los escribas y fariseos: en primer lugar, su misma vida nómada en la estepa donde escaseaba el agua les volvía sucios, hediondos, ignorantes de las más fundamentales leyes del lavatorio de las manos, la pureza de la vajilla, la elección de la comida. Ellos constituían más que nadie ese “pueblo de la tierra” que para los fariseos era digno del más cordial de los desprecios; además, pasaban por ladrones y se aconsejaba no comprarles ni lana ni leche que podían ser robadas».


El niño en pañales

 

«Había en la misma comarca algunos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace”. Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado”. Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 8-20). El Altísimo hecho carne, el acontecimiento (Lucas usa el término rhema, que copia el hebreo dabar y tiene el doble significado de “palabra” y “acontecimiento”) que divide en dos la historia del hombre, el Mesías tan esperado por el fiel pueblo de Israel, se manifiesta ante todo a los pastores “sucios y malolientes”, progenie de aquel rey pastor que fue David. Es el inescrutable método de Dios, tan distinto y alejado de toda imaginación humana: el infinitamente grande abraza al infinitamente pequeño. Advertidos por el ángel, los pastores acudieron a la gruta. «Siendo pobres de dinero pero nobles de espíritu - hace observar Ricciotti - no piden nada, y vuelven sin más a sus ovejas: sólo sienten una gran necesidad de alabar a Dios y de hacer saber a otros del lugar lo que había sucedido». Habrán dejado, a los pies del recién nacido, un poco de lana y un poco de leche. Esos productos que los fariseos consideraban robados.

 

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El mes de diciembre como su raíz etimológica indica era el décimo mes del antiguo calendario romano, DECEMBER-DECEMBRIS. Los romanos habían puesto a la diosa Vesta como titular del mes. Esta era la diosa del fuego del hogar. El mes era representado por un esclavo que portaba una antorcha encendida, clara alusión a las fiestas saturnales. En el medioevo el mes lo encarnaba un hombre calentándose al fuego del hogar y bendiciendo los alimentos luego del trabajo del año. En este caso el fuego puede ser una alusión a la diosa Vesta. De todas las maneras hay que tener en cuenta que es el mes de la entrada del invierno, donde la luz solar es poca, y ésta viene emulada por el fuego de la hoguera.

En este mes los romanos celebraban la fiesta saturnalia, el diecisiete de diciembre. El contenido de la celebración era el hecho de la instalación de Saturno en el capitolio de Roma, tras ser expulsado por Zeus del Olimpo. Saturno según la mitología clásica era el hijo de Uranos (el cielo) y de Gea (la tierra). Los griegos lo llamaban Kronos (tiempo medible). Se le representaba como un hombre anciano, encorvado con una guadaña, pues era el dios igualmente de la siega. Es un dios que devora a sus propios hijos, (alusión al tiempo). Para algunos Saturno en cuanto a su etimología, procede de satus (siembra), de hecho es diciembre el tiempo de la siembra. Bajo su patrocinio estaban la agricultura y la fertilidad.

Pero la fiesta de las fiestas era el veinticinco de diciembre, el "dies natalis invicti solis", en el marco cósmico del solsticio de invierno (de stare, detenerse), éste era llamado por los griegos la puerta de los dioses. El sol alcanzará su punto más bajo en el hemisferio boreal, siendo mínima la longitud del arco aparente que recorre desde el alba hasta el ocaso. Es el periodo del año de máxima oscuridad, la noche más larga pero a la vez en los días sucesivos se experimenta el renacimiento de la luz solar. Hay que apuntar aquí a la representación greco-romana del sol, con doce rayos que prefiguraban los doce meses. Los cristianos tomaron esto para decir en boca de San Cipriano: "las doce horas y los doce meses simbolizan a los apóstoles, las cuatro divisiones del día simbolizados por los cuatro evangelistas" . Y San Hipólito de Roma dirá: "Los doce apóstoles como doce meses han anunciado el año perpetuo de Cristo" . De modo que el tiempo se convierte en el año de gracia del Señor (Is. 61.2). Zenón de Verona afirma: " los doce apóstoles son como rayos de sol, es decir, los doce meses".

"Apartando a los fieles de la seducción de los cultos que divinizaban el sol y orientando la celebración de éste hacia Cristo, verdadero sol de la humanidad" . Juan Pablo II, Dies Domini nº 27.

De modo que el primer texto conocido que relaciona el nacimiento de Cristo y del sol es de San Cipriano : "O quam praeclare providemtia ut illo die quo natus est sol nascerentur Christus" (De pasch comp. XIX).

San Cipriano constataba que la Navidad ya era celebrada en el siglo III y que era providencial que el día que se celebraba al sol hubiera nacido Cristo. No es simplemente una cristianización del veinticinco de diciembre -como se ha afirmado-. Las últimas investigaciones afirman que muy probablemente Cristo habría nacido en diciembre. Según esta teoría el veinticinco de marzo y el veinticinco de diciembre quedan interrelacionados. El veinticinco de marzo es la Anunciación , según el Evangelio de Lucas se dice : "y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril" (Lucas.1, 36). De aquí se concluye que según el servicio sacerdotal del templo que hacía Zacarías, y sabiendo que había veinticuatro clases de sacerdotes judíos que servían en el templo y que cada clase servía durante una semana; que Zacarías pertenecía a la octava (Abía) y si el templo fue destruido en el año 70 después de Cristo, según este cómputo, Cristo habría sido concebido en marzo. La tradición rabínica, escrupulosa en sus cálculos confirma que cuando se destruyó el templo servía en éste la primera clase (la de Jojarib) y que la sucesión semanal no falló hasta tal suceso.

San Juan Crisóstomo (siglo IV) cita que nuestro Señor nace en la octava antes de las calendas de enero (25 de diciembre). San Agustín refería a Cristo como el nuevo sol. Del siglo II se conservan esculturas que representan a Cristo como sol invicto.

"Los astros del firmamento obedecen en sus movimientos, con exactitud y orden las reglas que de él han recibido". (San Clemente Primero, Papa, a los Corintios, 19,2)

El año cósmico y el año litúrgico anuncian el Misterio Pascual: "estemos atentos amados hermanos, al mismo proceso natural de la resurrección que contemplamos todos los días: el día y la noche ponen ante nuestros ojos como una imagen de la resurrección. La noche se duerme, el día se levanta, el día termina, la noche sigue. Pensemos también en nuestras cosechas; ¿qué es la semilla y cómo la obtendremos?, sale el sembrador y arroja en la tierra, seco y desnudo se descompone, pero luego de su misma descomposición el dueño de todo en su divina providencia lo resucita. (San Clemente Primero, Papa a los Corintios, 24,1-5).

Los celtas, otra cultura que asume el cristianismo en los siglos V a VII igualmente celebraban entre los días 20 y 23 grandes fiestas. Tenían la costumbre de adornar las casas con hiedra y guirnaldas de acebo y muérdago para proteger la casa. Los colores más usados eran el rojo y el verde, el primero símbolo del nacimiento -relacionado con la sangre en el parto- y el segundo símbolo de la tierra. El día del solsticio se celebraban fiestas en torno a un tronco que era quemado para festejar el nacimiento del sol y atraer la prosperidad. La cristianización de los celtas hizo que perduraran los símbolos de este tiempo pero con diferente motivo, el árbol de la Navidad que representaría al verde y el color rojo la realeza de Cristo.

Israel en diciembre celebra la fiesta de la "Hanuká" (consagración, inauguración) o fiesta de las luces, iluminarias. Es una fiesta mesiánica por excelencia. Celebra la reconsagración del templo de Jerusalén por Judas Macabeo en el 165 a C., tras la profanación de Antioco IV Epifanes. El templo es considerado la luz del mundo. Cristo es el nuevo templo, en su cuerpo que entra en la historia con su nacimiento, santificando la creación; "Yo soy la luz". Jn. 8,12. Jesús en el contexto de esta fiesta diría :"Yo y el Padre somos uno". Jn.10, 22-39.

Diciembre es el mes de la Navidad. La primera evidencia de esta se encuentra en Egipto, Clemente de Alejandría en el siglo III. En el 385 la peregrina Egeria quedó impresionada por las fiestas sobre la infancia de Jesús que se celebraban en Tierra Santa, cita textualmente que "el obispo iba de noche a Belén". El calendario romano de Depositio Martyrum (lista de los mártires romanos) decía: "VIII Kal Ian natus Christus in Betleem Iudeae". Hasta el siglo X la Navidad era considerada en los documentos pontificios el inicio del año eclesiástico. Es por eso que ha permanecido la tradición de hacer el anuncio de las fiestas movibles del año litúrgico el día 6 de enero.

El fenómeno cósmico de la muerte, dicho de este modo, de la luz solar y del renacimiento de ésta, luego del solsticio, permite concluir que el año litúrgico se desarrolla en el marco de la Pascua cósmico-natural y de la Pascua de la Redención. El lucernario y el Exultet de la Vigilia Pascual explicita esto mismo.

El mes de diciembre es también el final del año civil, la sentencia de la abadesa Hildegard Von Bingen (S. XII) "El universo no tiende a la nada sino al reposo", sirve muy bien para cerrar el año como imagen del cosmos y del hombre llamado al reposo, al sabat eterno, al domingo sin ocaso de la nueva creación.

Una de las solemnidades marianas del calendario litúrgico la tenemos en este mes. El ocho se celebra la Inmaculada Concepción , solemnidad de claro contenido pascual. Ya en el siglo VII San Ildefonso de Toledo la celebraba en España pero el 18 de diciembre. La celebración moderna fue establecida por el dogma que promulgara Pío IX en 1.854 con la bula "ineffabilis Deus" donde se proclama que María fue preservada de toda influencia de pecado en previsión de la muerte de su hijo, de tal modo que ella es la primera redimida.

Agradecemos al autor - Pbro. Manuel Santos Flaker Labanda. MMVI

 

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Julio César, una de cuyas principales aportaciones a la Humanidad fue la de su calendario, conocido como "juliano". El calendario juliano, "inventado" por el alejandrino Sosígenes, parte de la premisa de que el año, definido como el período de tiempo que tarda la tierra en darle la vuelta al sol, dura 365,25 días. Dieciséis siglos más tarde, los astrónomos del Papa Gregorio XIII, y notablemente dos, el calabrés Aloysius Lilius (n.1510-m.1576) y el bávaro Cristóbal Clavius (n.1538-m.1612), jesuítas por más señas, afinan mejor la duración del período y establecen que, en realidad, el año dura 365,242189 días. No hablamos, como se ve, ni de una centésima de diferencia con lo establecido por Sosígenes, pero dicha centésima, en los dieciséis siglos que había estado en vigor el calendario juliano desde que se instaurara en el año 46 a.C., había producido ya el adelanto del equinoccio de primavera –tan importante para determinar la fecha de la Pascua cristiana [1]- en nada menos que diez días.

      Identificado el error, se procede a subsanarlo. El día 4 de octubre de 1582 lo hacen los primeros reinos cristianos, entre los cuales España, todos los de Italia y Portugal, sometidos a la corona española, y Polonia, de modo y manera que a dicho 4 de octubre no le siguió, como habría sido de esperar, el 5, sino el 15. En otras palabras: en los países indicados, el 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13 y 14 de octubre de 1582 no existieron, o dicho de otra forma todavía, no hay suceso histórico que pueda llevar su fecha.

      Pues bien, acontece que Teresa de Cepeda y Ahumada vino a morir justamente la noche del día 4 de octubre de 1582, seguido, como hemos explicado, no del 5, sino del 15 del mismo mes, día que, una vez canonizada la abulense en 1622 y por otro Gregorio, el que hacía el XV de la serie, quedó consagrado a la santa como si su consagración pudiera servir también para realizar la del calendario gregoriano.

      Y tal es la razón por la que desde entonces, todos nosotros, y con Vds. yo, celebremos a las teresas el 15 de octubre y no en otra fecha cualquiera. Así pues, ¡felicidades teresas!


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… Ahora que se aproxima la Navidad,…

Sr. Director

EL HERALDO - Chihuahua, Chihuahua, México.


Es muy común en el lenguaje verbal de predicadores cristianos no católicos y en su literatura referirse a la Iglesia Católica como "romanismo" y a sus miembros como "romanistas", ambas expresiones son hasta disparates gramaticales. Más con esto, demuestran su ferviente oposición a todo lo que "huela" a fe católica.


Más sucede algo paradójico: 

Ahora que se aproxima la Navidad, muchos de estos no católicos la celebran y colocan motivos navideños en sus templos y en sus hogares... no debían de realizarlo, ya que de acuerdo a su repulsión a lo católico; sucede que la fecha 25 de Diciembre, como fiesta de Navidad, fue instituida por la Iglesia Católica. La Biblia no indica que día nació Jesús, ni ordena celebrarla ¿por que entonces actúan así, observando una fecha y fiesta ordenada por el catolicismo?


Hay infinidad de contradicciones en las tesis doctrinales de este tipo de cristianos no católicos.


Mencionaré unas más: 

Ellos pregonan con insistencia "no debemos creer en los santos" solamente en Cristo. Sin embargo, mas del 90 % de lo que saben ellos sobre Jesús, es lo que escribió, no Cristo, sino personas conocidas como santos. Ej. San Mateo, San Marcos, San Lucas, San Juan. No debían de creerlo... por ser ellos santos y no Dios.


La misma Biblia protestante Reina-Valera indica en cada Evangelio "según San Mateo, según San Marcos, etc.".


Curioso, ese término "según" es dictamen de la Iglesia Católica y no de la Biblia... incongruente que lo acepten quienes no desean contaminarse de "romanismo".


Es muy común de estos cristianos también predicar que la Virgen María fue solamente la madre de Jesús hombre y le niegan el hermoso título de Madre de Dios y aseguran que esta Virgen que encontró gracia en Dios, su cuerpo se corrompió en el sepulcro como el de todos los mortales. En cambio, muchos de estos cristianos no católicos, aseguran que ya pronto varios de ellos serán arrebatados en cuerpo y alma al cielo. Absurdo aceptar que Jesús mejor conceda este gran don a personas imperfectas que a su propia Madre. El buen Jesús nos daría el ejemplo de un "mal hijo" negando que la carne y sangre de la Virgen María, que es la misma con la que El se encarnó para salvarnos y llevó al cielo glorificada al resucitar, se quede en la tumba como pasto de gusanos y la del pastor del templo de la esquina si sea transportada al cielo.


También predican y aseguran que el que se congrega con ellos y acepta a Cristo como su único y suficiente salvador ya es salvo para siempre... esa salvación ya no podrán perderla jamás; no obstante, siguen predicando mucho temor al Demonio a quien citan con insistencia en sus mensajes... no debían ya de temerle, puesto que ya son salvos para siempre.


Algo que también es bueno observar en estos nuevos grupos religiosos, tienen la consigna, máxime en áreas rurales, que sus templos los colocan a la orilla de las carreteras con letreros ostentosos para dar la imagen falsa de que ya toda esa comunidad pertenece a su fe.

José L. Fierro C.  2009.XI.30  Agradecemos esta colaboración a don Mario SAVIGNON


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TEXTOS PARA NAVIDAD

 

1.

-Dios se ha hecho hombre.


Este es uno de los aspectos centrales de la Navidad. Viene  resaltado por casi todas las lecturas y por los textos de oración: "Ha aparecido la gloria de  Dios:, "la aparición gloriosa del gran Dios y Señor nuestro JC" (Tt 2. 11-14), "ha aparecido la  bondad de Dios" (Tt 3. 4) y, sobre todo, el prólogo del evang. de s. Jn cuya lectura no  debiera omitirse.

Por eso, la actitud espiritual que debemos avivar entre los fieles en esta fiesta es la  alabanza gozosa y la acción de gracias porque el Verbo de Dios, la Palabra que creó todas  las cosas, se nos ha manifestado como una gran luz y ha acampado entre nosotros, se ha  hecho uno de nosotros. En este sentido iría bien hacer una lectura reflexionada del prefacio  II de Navidad.

-La divinización del hombre.
Es la contrapartida. Porque el misterio de estos días se  expresa en términos de intercambio: Dios se ha hecho hombre para que nosotros seamos  dioses. Es decir, para que nosotros nos hagamos partícipes de la naturaleza divina.  También éste es un motivo de acción de gracias del que la asamblea debe ser consciente.  La Iglesia, sobre todo la oriental, es muy consciente de que, desde el momento mismo de la  encarnación, lo humano ha sido reconciliado con lo divino, y la alianza de amor de Dios con  el hombre ha sido restablecida para siempre.

-La solidaridad de Dios con el hombre culmina en la cruz.
Al mismo tiempo hay que  resaltar que el misterio de reconciliación iniciado en la encarnación culmina en la Pascua,  cuando Cristo, hecho hombre como nosotros se solidariza con nuestra situación de pobreza  hasta la muerte de cruz. Por eso Navidad debe proyectarse hacia la Pascua. El misterio de  Dios hecho hombre, pobre y humilde como nosotros, que celebramos en Navidad, se  consuma al entregar Cristo su vida en la cruz. De este modo se garantiza la centralidad de la  Pascua.

 

 

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 2. ENC/KENOSIS

Grande es nuestro Dios e infinito su poder. Ahora se ha mostrado tal como es: ¡Pequeño  es nuestro Dios e infinito su amor! Y porque su amor es infinito, se ha acercado a nosotros.  No tuvo miedo a la materia, no dudó en asumir la condición humana, a veces trágica y, en  muchos aspectos, absurda. ¿Quién podría imaginar que Dios se hiciera hombre de este  modo? A nadie se le oculta la condición humana. A pesar de su bondad fundamental, el  hombre es también un ser fracasado en la historia. Puede ser un lobo para los demás y una  máquina autodestructora para consigo mismo. Cada cual lo sabe por propia experiencia: es  difícil soportarse a sí mismo con hombría; pero aún más difícil es abrirse a los demás,  escucharlos y tratar de amarlos tal como son, con sus miserias y limitaciones. Y, sin  embargo, Dios quiso ser hombre.

La gente está tan cansada de decir y oír decir que "el Verbo se hizo carne", que llega a no  reflexionar lo que esto significa. Él quiso realmente ser como uno de nosotros, como tú y  como yo, menos en el pecado: un hombre limitado que crece, que aprende y que pregunta;  un hombre capaz de oír y de responder. Dios no asumió una humanidad abstracta de animal  racional, sino que desde el primer momento de su concepción asumió un ser histórico: Jesús  de Nazaret, un judío por raza y por religión, que se formó en el reducido espacio del seno  materno; que creció en el reducido espacio de una patria insignificante; que maduró en el  reducido espacio de una minúscula y remota aldea; que trabajó en un medio limitado y muy  poco culto, donde no se hablaba griego ni latín, las lenguas de la época, sino un dialecto, el  arameo, con acento de Galilea; que sintió la opresión de las fuerzas de ocupación de su  país; que conoció el hambre, la sed, la soledad, las lágrimas por la muerte del amigo, la  alegría de la amistad, la tristeza, el temor, las tentaciones y el horror a la muerte; y que pasó  por la noche oscura del abandono de Dios. Todo esto lo asumió Dios en JC. Nada de ello se  le ahorró. Asumió todo lo que es auténticamente humano y pertenece a nuestra condición,  como la justa ira y la sana alegría, la bondad y la dureza, la amistad y el conflicto, la vida y la  muerte. Todo esto está presente en la frágil figura del Niño que comienza a gimotear en el  pesebre, entre el buey y el asno (...).

Dios, en su amor inconmensurable, se dispone a comunicarse totalmente a un ser  diferente de sí; es decir, a un ser creado, no divino, para expresar el carácter absolutamente  extraordinario de su propio amor. Ha creado una naturaleza humana que fuera capaz de  recibirlo sin dejar de ser naturaleza humana creada y limitada. Dios ha querido divinizarla, no  como un teofanismo pagano en el que Dios aparezca como un Moloc que lo usurpa todo y lo  transforma en su propia realidad divina. Lo Divino de Dios consiste en respetar la alteridad;  la criatura seguirá siendo criatura y, al mismo tiempo, albergará dentro de sí a Aquél a quien  ni siquiera el cielo puede contener. Al comunicarse a la criatura, por lo tanto, Dios hace que  la criatura siga siendo aún más criatura, aún más diferente de lo Divino (...).

Jesús de Nazaret fue aquel hombre, eternamente pensado y querido por Dios para, en él,  poder el mismo Dios derramar todo su amor infinito. Hoy, en el pesebre, asistimos a la manifestación de "la bondad y el amor a los hombres de Dios, nuestro Salvador" (Tt 3. Esta humanidad santa es la humanidad de Dios. Mediante ella, Dios hace concreto su amor para con nosotros; un amor ardiente que se ofrece; un amor respetuoso que se  insinúa; un amor que conquista el corazón y le obliga a amar. Jesucristo hace realidad el proyecto de Dios de hacerse hombre y el proyecto del hombre de hacerse Dios.

-Jesucristo: sacramento del encuentro entre Dios y el hombre
Jesucristo se manifiesta como el lugar donde se encuentran el hombre que busca a Dios y Dios que busca al hombre.

Él es la encrucijada en la que se cruzan el camino descendente de Dios y el camino ascendente del hombre. 

LEONARDO BOFF (ex sacerdote de la Iglesia católicA, suspendido a divinis por no acatar el Magisterio; posteriormente contrajo matrimonio en Brasil, continúa  como escritor, etc.)
ENCARNACIÓN - LA HUMANIDAD Y LA JOVIALIDAD DE NUESTRO DIOS
SAL TERRAE

 

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 3.   

Tentación de dualismo. Porque si todo el hombre debe entregarse a Dios nada quedará  para entregarse exclusivamente al mundo. Por ello, todo el hombre deberá buscar a Dios en  el mundo. Todo el hombre se entregará al mundo y en él a Dios. La dimensión religiosa no  formará una realidad "aparte" sino que será la dimensión profunda de la realidad mundana. La acusación más grave que podría hacerse a la fe sería la de recluirse, ausentarse del  mundo por temor a mancharse o desfigurarse en lugar de lanzarse a dar al mundo la figura  divina por la que "la creación entera gime y sufre dolores de parto hasta el momento  presente".

Según Congar "tal vez la mayor desgracia del catolicismo moderno es haberse convertido  en teoría y catequesis sobre el "en sí" de Dios y de la religión, sin insistir al mismo tiempo  sobre la dimensión de "para el hombre" que todo eso encierra. El hombre y el mundo sin  Dios con los que nos enfrentamos actualmente, han nacido en parte de una reacción contra  ese Dios sin hombre y sin mundo".

Desde que Dios se ha hecho hombre, es el hombre la medida de todas las cosas. La  razón es que sobre él gravitan el plan de Dios, los proyectos, los riesgos, las conquistas.  Así, centrarnos sobre el hombre no es traicionar, sino obedecer a nuestra fe.

 

 

 EL DIOS DE JESÚS: DIOS DE VIDA, NO DE LEY. 

Una de esas perspectivas podría ser ésta: Jesús viene a decirnos que el Dios creador es  "anterior" al Dios de la ley; que Dios es Dios de vida, no de ley. Por eso, a partir de este  Dios-Vida de Jesús, el criterio por el que debemos distinguir lo bueno de lo malo no es el  hecho de estar de acuerdo con la ley o en contra de ella, sino el hecho de estar en favor de  la vida o en su contra.

El dios judío era un dios de ley, tan guardián y celoso de la misma que llega a ponerla  incluso por encima del hombre. Ese dios, esa ley que él defiende, no da vida sino con  reticencias y muy limitadamente; más bien es un dios y una ley que dan muerte a sus  transgresores. El Dios de Jesús no tiene nada que ver con ese dios de la ley; el Dios de  Jesús es creador y, en consecuencia, se nos revela como dador y mantenedor de la vida. Y la vida no es cualquier cosa. La vida, estar vivo, ser un "ser vivo" es la mayor grandeza  del hombre; más aún: la vida es la verdad más auténtica y profunda del hombre. Esa vida  que empieza por un corazón que late, por unos pulmones que respiran, por un estómago  que digiere y asimila; pero que también está formada por una ilusión que alienta, por un  amor que se comparte, por una esperanza que no ceja; vida personal, humana, vida en  plenitud que viene a traernos la Palabra que se hace carne: "ella contenía la vida, y esa vida  era la luz del hombre" ().

Jesús no viene a revelarnos escondidos secretos, ocultos arcanos en los que estaría  cifrado el sentido de la vida. El viene para ser la vida, darnos la vida, llenarnos de esa vida  que es capaz de acabar con la misma muerte.

L. GRACIELA - DABAR 1988, 5

 

 

5.

Sin verbo no tiene sentido la frase. Sin el Verbo de Dios no tiene sentido la vida, el  trabajo, la alegría, el dolor, el amor y la muerte.

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 VIVIR PARA VIVIR. 

No vivimos para comer, ni para estudiar, ni para trabajar, ni para rezar.  Todo lo contrario, comemos, estudiamos, trabajamos o rezamos para vivir. No vivimos para  nada; pues la vida no es medio, sino fin. Vivimos para vivir. Que eso significa creer en la  vida eterna.

Creer en la vida eterna no es creer que hay dos vidas, ésta y la otra; sino aceptar que ya  vivimos, optar por la vida, amarla y pronunciarnos en favor de todo cuanto la hace posible y  en contra de todo cuanto la mortifica.

Pero la vida eterna no tiene por qué ser necesariamente esta forma de vivir; pues  sospechamos y buscamos desesperadamente otra. Más aún, esta forma de vida, este modo  de entenderla y domesticarla, no tiene futuro, si no se introducen modificaciones  sustanciales; pues el egoísmo de nuestros planes y la vanidad de nuestros dogmatismos  nos hacen reconocer, a pesar de todo, que "esto no es vida". Y ciertamente no lo es, porque  parecemos empeñados en no dejar vivir en paz. ¡Cómo si la vida y la libertad fueran  inventos patentados por políticos, pontífices o señores de este mundo! ¡Y no! La vida es lo  primero y lo que decide, la última palabra, luz y claridad en las tinieblas de nuestras  decisiones. No, claro, la vida que nos han dejado y seguimos despellejando; sino la vida sin  aditamentos, la que soñamos despiertos, la que centellea en la utopía y deslumbra en lo  imposible, la vida que queremos porque es nuestra y nos la ha dado "el que no se vuelve  atrás". 

Navidad es recobrar la fe en la vida. En la nuestra y en la de todos. No es recordar que  nació el niño Jesús; sino creer que ese niño, de nombre Jesús, es el Hijo de Dios. En  Navidad no sólo nace una nueva vida. Nace de nuevo la vida, es decir, viene al mundo la  vida, la vida que había en Dios y que es luz que ilumina a todo hombre, para que, si la  recibe y cree, pueda comenzar a vivir para siempre. EUCARISTÍA 1976, 68

 

 

VACACIONES DE NAVIDAD 

Las vacaciones -la vacación- se imponen a la Navidad, desplazando cada vez más las  fiestas cristianas más importantes del año. Ya no son simplemente Navidad o Semana  Santa, sino vacaciones: Vacaciones-de-Navidad, Vacaciones-de-semana-santa, así. El  carácter religioso se pone en minúscula, mejor dicho, se pospone, se aleja y se diluye  masivamente. Porque lo masivo es la vacación, el cese en el estudio y en el trabajo, para  recuperar la libertad enajenada.

Sin embargo queda indeleble en el posesivo "de Navidad" el carácter religioso y cristiano  del evento. Y queda mucho más, aunque escondido como el rescoldo bajo la ceniza,  invisible pero dando calor. Porque la Navidad, la fe en la Navidad, ha generado usos y  costumbres, tradiciones y celebraciones en las más variadas culturas y en las más  sorprendentes formas. Los Reyes Magos o Papa Noel, el belén o el árbol, los turrones y  aguinaldos, los crismas y villancicos, las felicitaciones, las luces, los colores, los regalos, los  parabienes se multiplican como si, por fin, estuviéramos en Jauja sin crisis económicas, sin  problemas familiares, sin preocupaciones, sin enemigos, sin cicaterías..

Claro que todo ese ambiente festivo y alegre no logra hacer desaparecer la miseria, el  hambre, la pobreza, la injusticia, el dolor, las guerras... Pero en Navidad se cotiza al alza la  buena voluntad mientras que baja muchos enteros la mala uva que domina en la bolsa de la  vida. En Navidad el mundo, el occidental, ¡claro! no funciona como el resto del año.  Disminuye el egoísmo, la cicatería, las rencillas y zancadillas, el individualismo, el  aislamiento, el ensimismamiento... al paso que crece la buena voluntad, la generosidad, el  altruismo, el diálogo, la amistad, la vuelta a casa, que es como volver a la raíz, al ser  humano que somos.

Y yo pienso que todo eso será por algo. Y me pregunto por qué no ha de ser siempre así.  ¿Por qué la Navidad es sólo una fiesta en el año y no es el nacimiento de una nueva era,  recuperada cada año con nuevo empeño? EUCARISTÍA 1992, 59

 

 

8.

Emmanuel,
Dios con nosotros:
la salvación nos llega
nos sonríe a todos.

Emmanuel,
Dios en nosotros:
la soledad vencida,
plenitud de gozo.

Emmanuel,
Dios por nosotros:
se acabaron los miedos,
y los estorbos.

Emmanuel,
Dios para nosotros:
nos entrega su vida,
nos lo entrega todo.

Dios Emmanuel,
con, en, por, para nosotros:
es la buena noticia
que estremece el cosmos.

EUCARISTÍA 1989, 60

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IMPORTANCIA DEL PROLOGO DE JUAN.

 

Me parece que en el conjunto de la predicación de este tiempo de Navidad-Epifanía,  debería hoy darse especial relieve al comentario del texto evangélico, del llamada prólogo  de Juan.

Especialmente si no se leyó el día de Navidad. Leyendo su texto completo (por lo menos,  nunca omitir el versículo final: "A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el  seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer").

No se trata de combatir la vivencia que podríamos denominar "infantil" o puramente  "sentimental" de la Navidad. Pero sí de ir más allá. De anunciar lo que realmente significa  para el cristiano el misterio de la Encarnación. Y, para ello, el evangelio que se lee hoy es  peculiarmente importante. Subrayaría dos aspectos: "Y la Palabra se hizo carne, y acampó  entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno  de gracia y de verdad". Es el centro de la celebración de Navidad-Epifanía: la encarnación  -con todo lo que significa de plena comunión de Dios con el hombre, afirmación básica que  recuerdan las plegarias eucarísticas: "hecho hombre" (plegaria II), "compartió en todo  nuestra condición humana" (plegaria IV)...- y la manifestación o "epifanía" de Dios en Jesús:  la Palabra -la revelación del Dios "que nadie ha visto jamás"- se hace conocible, palpable,  compartiendo la vida humana. Y es a través de este camino humano de la Palabra, del Hijo  de Dios, como vislumbramos su gloria, es decir, su Vida, que es gracia de salvación, verdad  o salvación.

: "A cuantos le recibieron, les da poder para ser  hijos de Dios, si creen en su nombre". La comunión descendente -en la simbología bíblica-  del Hijo de Dios que asume y comparte el vivir humano, causa una posibilidad de  comunicación ascendente del hombre que "recibe" (acoge, cree) la Palabra de Dios y así  deviene -por gracia- hijo de Dios. Quizá sea éste un aspecto del mensaje de Navidad poco  presente en la predicación habitual de estos días: no sólo es Dios quien se encarnó sino  que -al encarnarse- nos abre el camino de vivir y ser hijos de Dios. La encarnación es  divinización. Es aquello del "admirable comercio" que expresa el realismo de la acción de  Dios: el va y viene de su acción, de su gracia, de su salvación. "Si creen en su nombre", es  decir, si le acogen y reciben como luz para nuestra vida. Dicho de otro modo: si seguimos el  camino humano de Jesús, entramos en comunión con la vida de Dios.

EL . Quizá sería conveniente hoy -por lo menos en  ciertos ambientes- remarcar un aspecto aparentemente paradójico de la fe cristiana. Me refiero a la simultánea afirmación del Dios desconocido -"a Dios nadie lo ha visto  jamás"- y del Dios conocido -"hemos contemplado su gloria"-. Porque padecemos una  tradición de utilizar el nombre de Dios en vano (es decir, de parecer que lo sabemos todo de  Dios, de lo que es y quiere), que ha causado en parte una pérdida de fe en este Dios del  que no se ha respetado su trascendencia. Pero, en cambio y sorprendentemente, no hemos  anunciado con la suficiente firmeza que a este Dios desconocido y trascendente (que está  más allá de todas nuestras imaginaciones y normas) le conocemos a través de su Palabra  hecha carne, a través del hombre Jesús de Nazaret. Para decirlo de otro modo: el cristiano  no es creyente en el Dios de las "religiones" sino en el Dios que se manifiesta en Jesucristo.  Un Dios que es siempre desconocido-conocido, al cual sólo podemos conocer y acercarnos  -vivir en comunión con El- a través de la vida y la palabra de Jesucristo. Y de la acción de su  Espíritu en la Iglesia, en los cristianos, en todos los hombres de buena voluntad.

LA CELEBRACIÓN DOMINICAL. Hoy podría ser conveniente notar que cada domingo es  una celebración de este misterio-realidad de comunión y presencia de Dios en nuestra vida.  Quizá, ya que es primer domingo del año, se podría exhortar a vivir la participación en la  misa dominical durante todo el año como un acto de fe y, al mismo tiempo, como un alimento  siempre necesario para esta comunión de vida entre Dios y nosotros, por Jesucristo y  abiertos a la acción vivificante del Espíritu. Aquello que decíamos antes de la acción  descendente y ascendente se realiza cada domingo en la celebración eucarística. La misa  dominical es una celebración de comunión que debe continuar durante toda la semana. 

J. GOMIS - MISA DOMINICAL 1982, 1

 

 

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10.   

¿DONDE SITUARNOS? Cuando el papa ·León-MAGNO-SAN el Grande  escribió su famoso sermón de Navidad, decía: "Queridos, nuestro Salvador ha nacido hoy:  ¿alegraos!; no hay lugar para la tristeza donde se celebra el día del nacimiento de la  vida...". Esto ocurría por el año 450 y era la misma fiesta que nosotros celebramos, pero  también es cierto que celebramos otra Navidad. Quizá para aquel papa el sentido político  que había tenido la fiesta del 25 de diciembre carecía de interés, porque los cristianos de  Roma, ya antes del año 300, celebraban, en lugar del "nacimiento del sol invencible", el  "nacimiento del sol de justicia, Cristo", una especie de protesta contra el orden del Imperio  de Roma que abarcaba todo el orbe de la tierra, un manifiesto contra el divinizado culto al  emperador... Los cristianos querían celebrar la inquebrantable esperanza en la nueva  justicia (la de Dios) que se ordena al amor y que hace de los hombres y de las relaciones  públicas algo totalmente nuevo.

Otros dicen que se trató más bien de una fiesta de acción de gracias por la liberación que  Constantino llevó a la Iglesia con respecto al mundo pagano. Así, también la fiesta,  sustituyendo otra anterior, tendría un carácter de renovación política: ¡Cómo tendría que  sonar el "hoy ha nacido nuestro salvador", cuando esta palabra "SOTER=salvador" era un  título que se le daba al emperador romano! Y para colmo aún añadían los cristianos que  "Hijo de Dios" era aquel Cristo y no el poderoso emperador que recibía ese título... Por  supuesto, tenía que sonar la proclamación del Evangelio en la Antigüedad como una  subversión, como una revolución de valores.

Las fiestas cambian, ciertamente. De otra manera quiso ver la Navidad, por ejemplo,  Francisco de Asís en 1223, cuando, tres años antes de su muerte, marchó  una Noche Buena con sus hermanos y hermanas de Greccio a celebrar la fiesta en el  bosque, cantando allí el Evangelio navideño delante de una mula y un buey, en una gruta  llena de heno y paja... Naturalmente aquello quiso significar algo más que un juego piadoso  de sencillez y soledad.

Francisco quiso salir de las ricas iglesias de la ciudad donde se sentaban los ricos, los  nobles, con la distinción de sitios y también de cleros, con los privilegios de todos aquéllos: y  quiso ir a sentir la oscuridad, el frío y la pobreza.

Y así podríamos repasar mucho más la historia para ver distintos colores de la Navidad. Pero, ¿cómo es hoy la cosa? ¿Qué sentido damos al nacimiento de Jesús? Hace años  que se alzan las lamentaciones que piden recuperar la fiesta de las garras del mundo del  consumo y del mundo de la guerra que no cesa, para meterla en la celebración vivida de la  comunidad de fe. Claro está que muchos no se sentirían a gusto celebrándola con el  Oratorio de Navidad de Bach, ni adorando la imagen de un niño, ni con una predicación de  un místico del siglo XIV. Es lógico que muchos querían pasar de interpretaciones nuevas o  antiguas.

Tal vez estemos algunos muy pobres en ideas y con pocas perspectivas, pero  quisiéramos quizá que al menos quedase en nosotros no mucho más que una profunda  esperanza: que ese pequeño y desvalido cuerpo de Cristo crezca en nosotros, en cada uno  y en la vida pública. ¡Ojalá quede la esperanza! EUCARISTÍA 1987, 60

 

 

11.

NAVIDAD Y DOCETISMO. Ya en el siglo primero de nuestra era cristiana se trató de  desvirtuar la realidad de la encarnación del Hijo de Dios, pretendiendo que Dios se había  hecho hombre solo aparentemente.

Hoy, después de veinte siglos, persiste el intento de herejía en tantos y tantos que, de mil  formas distintas, parecen interpretar la encarnación como si Dios se hubiese hecho hombre  "a medias". Y no deja de resultar irónica la postura de tales cristianos que, sabiendo que  Dios se ha hecho hombre para salvar a los hombres, parecen más interesados en salvar a  Dios que a sus hermanos.

No es Dios el que necesita ser salvado por los hombres -¡como iba a ser Dios!- sino los  hombres los que necesitan ser salvados por Dios. Por eso Dios se hace hombre, para salvar  a los hombres.

Y por eso, claro está, los cristianos estamos comprometidos en la salvación de la  humanidad. Esa parece que es claramente la voluntad de Dios al hacerse carne y aceptar  nuestra condición humana. Sin embargo... discutimos y seguiremos discutiendo de  horizontalismo, de temporalismo, de compromiso, de encarnación...

Para unos será una exigencia clara del misterio de la "Navidad": para otros, en cambio,  será una desvirtuación de la religión, que preferirían encerrarla en la cárcel de cristal de una  espiritualismo, en abierta contradicción con la realidad de la encarnación del Hijo de Dios. Navidad significa que Dios se ha hecho hombre. Y si se ha hecho hombre de verdad  -¿quién lo duda?- ha sido con todas las consecuencias. No es lícito reducir la Navidad a una  anécdota en la historia. No es justo ridiculizar la presencia de Dios hecho hombre a un viaje  de turismo de Dios por la tierra. Si el pecado del mundo ha llevado a Dios, por amor, a  hacerse hombre para hacerse cargo de nuestros problemas. ¿Cómo se puede exigir a los  cristianos, y en virtud de qué religión, dejar de lado las cuestiones humanas para dedicarse  a Dios? Pues Dios "por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo y se  hizo hombre". 

EUCARISTÍA 1973, 6

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12.

El hecho del nacimiento de Jesús tiene una importancia capital. Los hechos concomitantes  la tienen menos. Por el contrario, la meditación que el "midrash", por una parte, y Lucas, por  otra, tejen en torno a esos hechos es decisiva, puesto que nos ayudan a pasar del hecho al  misterio, de la historia a la doctrina que encierra. Ahora bien, la reflexión de la comunidad  primitiva y de San Lucas recae a la vez sobre el carácter humano, soberano y divino del  recién nacido de Belén. Nos invita a mantener firmemente la fe en las dos naturalezas del  Hombre-Dios.

Pues bien, la fiesta de Navidad ha sido establecida precisamente para luchar contra las  herejías que alteraban la personalidad de Cristo. Reduciendo a Cristo a una persona  humana, el arrianismo se constituyó en guía de cuantos no toman en consideración más  que al hombre para salvarle y transforman la Iglesia en institución humana, política o social.  Reduciendo a Cristo a su naturaleza divina, el monofisismo se constituía en patrón del  integrismo, despreciando muchas veces hasta la creación y la naturaleza humana, e  incluso el esfuerzo del hombre.

Toda la liturgia de Navidad ha sido elaborada en épocas en que la Iglesia luchaba contra  las herejías que todo se lo asignaban a Dios o, por el contrario, todo al hombre. Pues bien,  nuestra pastoral de Navidad corre hoy el peligro de derivar hacia uno y otro de esos  excesos, ya sea no considerando en Navidad más que los problemas humanos de paz o de  pobreza y las soluciones humanas que se pueden aplicar, ya sea no considerando más que  la divinidad de Cristo hasta el punto de olvidar su actividad humana y de no observar los  aplazamientos de la fe humana en la sacramentalización y la conversión de los hombres. Una visión exacta de la personalidad de Cristo nos permite, por lo demás, renovar, con  motivo de la Navidad, nuestra manera de celebrar la Eucaristía adquiriendo más conciencia  de que no es un rito mágico bajado del cielo, sino un encuentro del hombre y de Dios,  preparado y celebrado por mediación del sacerdote. 

MAERTENS-FRISQUE - NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA I
MAROVA MADRID 1969.Pág. 198

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13.    

Navidad debe ser el comienzo de la solidaridad. Si Dios se hace hombre en Jesús, en él  todos los hombres somos hermanos y miembros de la misma familia. Ninguna razón, ningún  pretexto, ninguna ley económica o de mercado puede prevalecer sobre este hecho  fundamental. Es injusto todo progreso nacional o regional, mientras más de medio mundo se  ve impedido de alcanzar lo elemental para la vida. Dios se ha hecho hombre y ha querido  estar entre los pobres, para que nadie aspire a enriquecerse, y menos a costa de los otros,  al precio del despojo de unos, del hambre de otros, de la miseria de tantos.

SENTADOS A LA MESA DEL SEÑOR. La eucaristía, en la que celebramos el amor y la  solidaridad de Dios que dio su vida para darnos la vida, es siempre un imperativo de  solidaridad. Sólo podemos celebrar el amor de Dios, si nos amamos unos a otros. Sólo  podemos celebrar la solidaridad de Dios, si somos solidarios entre nosotros. En la mesa del  Señor, todos tenemos un sitio, todos tenemos invitación, todos disponemos del pan y la  palabra.

Pero no ocurre así en la mesa del desarrollo, donde unos viven muertos de hambre y  otros abandonados, desasistidos, solos y olvidados. La solidaridad y el amor de Dios son  una apelación inexcusable para que construyamos una nueva sociedad donde haya pan y  palabra para todos. Donde todos puedan satisfacer sus necesidades y todos puedan vivir  en comunión.

EUCARISTÍA 1988, 61

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"Diversas circunstancias han conducido a la Iglesia a situar la celebración del nacimiento  del Señor en el solsticio de invierno. No es ello una simple coincidencia fortuita, sino que  ahí debemos ver el esclarecimiento de una verdad de fe, a saber, que Cristo no es  solamente el Salvador de la humanidad, sino también el Redentor de los siglos y de la  creación entera" (J. LEMARIE, "La Manifestación del Señor").

"Si el sol se oscurece en el momento de la pasión de Cristo, en su nacimiento es  necesario que resplandezca más deslumbrante que de ordinario... Si este nacimiento es  algo tan extraordinario, extraordinarios también son los homenajes que se le rinden. En este  día en que nace el Señor, los ribazos están en vela, los ángeles se regocijan el sol ofrece  sus homenajes y la estrella sus servicios. De esta forma los ángeles y los collados expresan  su alegría; los elementos que no tienen voz manifiestan su alegría mediante sus buenos  servicios" (Sermón atribuido a san ·Ambrosio-SAN, pero, más probablemente, el autor es  san Máximo de Turín, del siglo V).

"En casi todos los textos patrísticos aparece esta misma idea: que el Sol Invictus es la  figura de Cristo, verdadera luz que ilumina a todo hombre... Comienza un nuevo año que  conocerá la sucesión alternativa de la luz y las tinieblas predominando sucesivamente.  Progresando sucesivamente según el ritmo creciente de la luz, el Misterio de Cristo se  desenvuelve a lo largo de todo este primer semestre que alcanzará su plenitud en el  estallido pascual de la vida y en los fuegos de Pentecostés. El sol se encontrará entonces  en su cenit. Pero esta manifestación de alegría está contenida ya en la victoria inicial. La  alegría primaveral y la magnificencia del verano están ya en germen en esta salida nueva  del Sol Invictus. Así sucede en el Misterio de Cristo: la alegría pascual tiene su origen  primero en el Misterio de la Encarnación, y el esplendor de la parusía de la Jerusalén  celestial será el último fruto de la venida de Dios sobre la tierra. Todo este misterio de  resurrección y de vida está contenido en a Encarnación y Natividad del Señor» (J.  LEMARIE, o. c.). 

HEUSCHEN -  EDIC. MAROVA/MADRID 1965.Pág 55 s.

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15. - Alguien te ama 

Lo importante no es que creas que ha nacido un niño, ni siquiera que ha nacido Dios, sino  que ha nacido un Dios que te ama, te salva, te busca. Has de creer que ya estamos todos  salvados. Has de creer que alguien te ama gratuita e incondicionalmente, que la vida toda  tiene ya sentido. Va a nacer un niño que se llamará «Yahveh salva» o Jesús. Has de creer  que El es el único Salvador, que «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por  el cual podemos salvarnos» (Hch. 4, 12). Has de creer que no te salvarán los señores de la  tierra ni las influencias ni el dinero ni tus hermosas cualidades. Has de creer que tú no te  puedes salvar solo. Has de creer que Jesús es tu Salvador. 

FUEGO EN LA TIERRA - ADVIENTO Y NAVIDAD 1988.Pág. 98

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16.  

"Compartió en todo nuestra condición humana", dice la plegaria eucarística IV. Me  atrevería a decir que esta afirmación básica de la fe cristiana no está adecuadamente  presente en nuestra predicación. Me parece que -quizás inconscientemente- mantenemos  la dicotomía entre el "Dios en el cielo" (la trascendencia absoluta) y el "hombre en la tierra"  (tanto los "valores humanos" como el "pecado humano"). Cuando el mensaje cristiano -muy  propio de este tiempo de Navidad-Epifanía- es el sacramento unitivo entre Dios y el  hombre, basado en el Dios-hombre, como signo y realidad de una comunión entre Dios y el  hombre.

Las consecuencias son claras: a Dios le conocemos a través de un hombre, del hombre  Jesús. Que comulga con la vida humana y la comparte. Y el camino de "divinización" -es  decir, de cada vez mayor comunión real con la vida y el amor, la justicia y la libertad, la  bondad y la verdad... que es Dios- pasa por el seguimiento del camino que es Jesús, hijo  de María, hombre de su pueblo y de su tiempo, niño en Belén y plenamente adulto en la  cruz de Jerusalén, vivo para siempre ahora en el cielo y en la tierra. Dicho de otro modo: no  hay vida cristiana sin divinización de nuestra vida humana y sin humanización de la vida  divina. Es el misterio de la Encarnación (que, no lo olvidemos, produjo las primeras y  grandes herejías que -de algún modo- siguen presentes en nuestro modo de concebir el  cristianismo: es la gran dificultad de admitir que un Dios sea hombre o que un hombre sea  Dios).

J. GOMIS - MISA DOMINICAL 1981, 24

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17.

¿Cómo no amar a este mundo y a estos hombres, a esta historia y a este tiempo? Lo que  Jesús amó es digno de nuestro amor, no faltaba más. Sin adjetivos. Que si nuestro tiempo  es mejor o peor. Que si estos hombres son más religiosos o menos. Que si este pueblo me  cae simpático o antipático. Este es el mundo en que Jesús vivió, gozó, sufrió, consoló, curó y  murió, y al que ha dejado su presencia en el Espíritu que nos hace hijos. ¿Puede un  cristiano dejar de amar a este mundo? 

NO HAY TESTIMONIO SIN REENCARNACIÓN. Pero  no se puede contemplar a Jesús en el mundo y amar a Jesús en el mundo sin comenzar por  donde él: estar en el mundo. Jesús acampó entre nosotros no sólo para amarnos sino para  enseñarnos el camino de trasmitir a los demás, nuestros hermanos, este amor salvador. Los  cristianos muchas veces hemos parecido estar como "ausentes" en el mundo, siendo así  que la pedagogía de la evangelización, de la Buena Nueva es empezar por donde Jesús:  tomar carne en nuestro mundo, sentirnos uno más, en sus alegrías y tristezas, en sus  esperanzas y fracasos. Por eso, acertadamente el documento programático de la  evangelización en el mundo contemporáneo (Evangelii Nuntiandi, de Pablo VI) nos vuelve a  la pedagogía de Jesús: primero, situarse-encarnarse- solidarizarse, callar y aprender  mucho; segundo, contemplar esa realidad que vivimos a la luz de la Palabra y el Proyecto de  Dios; y sólo en tercer lugar, atrevernos a dar testimonio del amor de Jesús, con nuestras  palabras y opciones solidarias. Desde que "la Palabra se hizo carne y acampó entre  nosotros" ya no es posible hablar de Dios de memoria, en teoría, desde las ideas  prefabricadas, sino en un difícil y permanente proceso de encarnación solidaria. 

J. M. ALEMANY - DABAR 1990, 5

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18.

MARÍA NOCHEBUENA

Como miga de pan,
de tu carne de trigo, 
María Nochebuena,
un Hijo te ha nacido.

Bendita seas tú,
que tal Hijo has cocido
en ese vientre tuyo
sellado y tan florido.

Como miga de amor,
en ti Dios se ha hecho Hijo,
bocado para el pobre
y menos para el rico.

María Nochebuena,
trigal lleno de trigo,
parir al "Dios que salva"
¡qué gran cosecha ha sido!

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19.

El viejo y pobre establo de los países antiguos, de los países pobres, del país de Jesús,  no es el pórtico de columnas y capiteles, ni la caballeriza científica de los ricos de hoy en  día, ni el belén elegante de la Nochebuena. El establo no es otra cosa que cuatro paredes  toscas, un empedrado mugriento y un techo de vigas y de lajas. El verdadero establo es  lóbrego, sucio, maloliente; lo único limpio en él es el pesebre, donde el amo dispone el heno  y los piensos.

.............. 

Ese es el verdadero establo en que Jesús fue parido. El primer aposento del único puro  entre todos los nacidos de mujer fue el lugar más asqueroso del mundo. El Hijo del Hombre,  que había de ser devorado por las bestias que se llaman hombres, tuvo como primera cuna  el pesebre en que los animales desmenuzan las flores milagrosas de la primavera. No nació Jesús de casualidad en un establo. ¿No es acaso el mundo un establo inmenso  en el que los hombres engullen y estercolan? ¿No transforman acaso, por arte de una  alquimia infernal, las cosas más bellas, más puras y divinas en excrementos? Y a  continuación se tumban a sus anchas sobre los montones de estiércol y dicen que están  "gozando de la vida".

G. PAPINI - HISTORIA DE CRISTO

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 20.

La "patria chica" de Jesús - Belén, de ayer a hoy

"Pero ti, Belén de Efrata, pequeña entre las familias de Judá, de ti saldrá el que ha de ser  jefe de Israel, y cuyo origen es antiguo, inmemorial, y se afirmará y apacentará con la  fortaleza de Yahvé, con la majestad del nombre de su Dios. Y habrá seguridad, porque su  prestigio se extenderá hasta los confines de la tierra. (Libro del profeta Miqueas. 5, 2-4).

A diez kilómetros de Jerusalén y tras superar varios controles del ejército israelí, edificada  sobre dos colinas que miran al desierto de Judea, se encuentra el pueblo en el que nació  Jesús, su "patria chica": Belén. En la actualidad es una ciudad fundamentalmente árabe  ­muchos de ellos cristianos­ con unos 35.000 habitantes.

En el Antiguo Testamento, Belén era conocida por ser la cuna de David, elegido por Dios  como rey de Israel y de quien, según la Promesa, nacería el Mesías. En el Nuevo  Testamento, los evangelistas san Mateo y san Lucas afirman que el nacimiento de Jesús  tuvo lugar en Belén, en tiempos del rey Herodes, bajo César Augusto, señalando además  que se produjo en un lugar donde había un pesebre y que allí el Niño fue envuelto en  pañales y colocado por la Virgen María. Ésta era precisamente la señal dada a los pastores  por el ángel para reconocer al Salvador anunciado.

Los primeros cristianos ya veneraron el sitio ­en concreto una gruta­ como lugar sagrado  y, apoyado por testimonios, entre otros el de Orígenes, que conocía bien el sitio, el  emperador Constantino mandó edificar una gran basílica sobre la cueva del nacimiento,  inaugurada en el año 339. No mucho después sería saqueada y destruida. La actual es una  basílica bizantina construida por el emperador Justiniano en el año 529 y adornada por  hermosos mosaicos.

Construida con cuatro filas de columnas, la basílica tiene forma de cruz latina con el  transepto rematado en ábside, igual que la nave central de 54 metros. El techo es de  madera tallada con tres cuerpos superpuestos. La propiedad y el culto de la basílica lo  comparten tres confesiones cristianas: la greco­ortodoxa, la armenia y la latina o católica.  Adosada a la basílica y comunicada con ella, los frailes franciscanos rigen también la Iglesia  de Santa Catalina que hoy es la parroquia católica-latina de Belén.

Este sería la segunda Nochebuena de Belén sin la presencia del Ejército Israelí en su  calles, después de 28 años de ocupación militar.

De nuevo el presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Araft, acompañará al Patriarca  latino de Jerusalén, el también palestino, Michel Sabbah, en la Misa del Gallo que la  comunidad parroquial de Belén celebre en el templo de Santa Catalina. Con la retirada de las tropas israelíes no se han alejado los problemas al pueblo  palestino de Belén, la paz sigue siendo extremadamente frágil, sobre todo con el actual  primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu y su política de asentamientos.

El centro de interés de la basílica lo constituye la Gruta de la Natividad que se encuentra  bajo el presbiterio, lugar donde se sitúa el nacimiento de Cristo. Es un espacio de reducidas  dimensiones (12,3x 3,5 metros) y bastante deteriorado, de forma rectangular con un  pequeño ábside en el extremo oriental donde se encuentra un altar, debajo del cual, una  estrella de plata señala el sitio exacto donde Cristo nació de la Virgen María.

A tres kilómetros de Belén está otro de los lugares navideños: Bet Sahur, conocido como  el "Campo de los pastores".

Es el sitio donde señala la tradición el anuncio del nacimiento de Cristo por parte del  ángel a los pastores. En la actualidad es una población de unos 6.000 habitantes, en su  mayoría árabes cristianos. Allí se levanta una moderna iglesia construida por los  franciscanos, guardianes de los Santos Lugares.

Cada año, por estas fechas, Belén se llena de peregrinos.

Ojalá que la paz anunciada allí por los ángeles para los hombres de buena voluntad, se  haga realidad en la "patria chica" de Jesús.

J. M. Gil-Tamayo-.-

 

21. Carta del Arzobispo - La gente buena cuando Jesús nació

navideños

Visité, no hace mucho, el famoso museo murciano de imaginería religiosa, obra del genial  escultor del siglo XVIII Francisco Salcillo. Sobresale allí un prodigioso Belén, con cientos,  quizá miles, de figuritas de exquisita artesanía: plantas, animales, personas, campos,  plazas, calles y casitas. Críos por todas las esquinas, muchachitas y mozuelos, gentes  adultas, corrillos de vecinos, viejecitos tomando el sol.

Un fabuloso retablo viviente, en el que apenas se aprecia que las figuras no se mueven.  Uno mismo, sin notarlo, le pone voz a los vendedores ambulantes, murmullo a los  riachuelos, gorjeos a los pájaros, gritos a los niños. Los labradores, pastores, albañiles y  vendedores, las amas de casa y las lavanderas, están como suspensos en el tiempo,  fijados por el artista en un silencio de adoración. Los árboles y las plantas, los animales y  las personas irradian bondad y fraternidad, alegría y emoción religiosa. Lo de Salcillo es un  Belén viviente, aunque no semoviente. Los castillos, las granjas, los caminos, los riachuelos  apuntan al Portalico. Allí María y José; allí el Niño Dios. Detrás, absortos, la mula y el buey.  Acampó entre nosotros. Belén, casa de pan y de paz.

¿Fue la navidad de Jesús como la plasmó Salcillo? ¿Eran los personajes rústicos de  Belén como los labriegos murcianos del siglo XVIII? ¿Qué destila el misterio de la Navidad,  tal como nos lo describen Lucas y Mateo en sus respectivos Evangelios de la infancia?  Diríase que los trazos negativos son fuertes y oscuros: Jesús no encontró albergue en  Belén y nace en un pesebre; los maestros de Israel no le echaron cuenta, Herodes lo  persiguió a muerte; sus padres, con él, tuvieron que emigrar a Egipto. Fueron muy duros los  prólogos de su asentamiento definitivo y, pensamos que apacible, en Nazaret. Sea cual sea  la lectura del Evangelio de la infancia, se entrecruzan astillas de la cruz en la cuna del Niño  Dios.

Con todo, lo que más se desprende de los evangelios y lo que ha prevalecido siempre en  las celebraciones cristianas de este misterio, son los sentimientos de alegría, de esperanza  y de paz. ³Os anuncio un gran gozo... os ha nacido un Salvador² (Lc. 2, 10­11). Esto dicen  los ángeles a los pastores. Y los Magos, al redescubrir la estrella, ³sintieron un grandísimo  gozo y, llegando a la casa vieron al niño con María, su madre, y, de hinojos, lo adoraron...²  (Mt. 2,10 -11). Los mismos sentimientos se destilan de la pequeña galería de personajes  navideños a los que paso a referirme.

El papel de San José

Nos saltamos a María, porque ella es la Navidad. También lo es, en su medida, San  José, pero su protagonismo es discreto, aunque ocupa el primer puesto entre los que  asumieron activamente la venida del Mesías. Ejerció de padre suyo, como esposo de  María. Antes de conocer el misterio, quiso desaparecer de escena para no empañar la fama  de la Virgen.

Fiado en Yahvé su Dios, siguió las indicaciones del ángel: la acogió en matrimonio, fue  sombra protectora para ella y para el Niño, los sostuvo con su trabajo, ejerció de padre de  familia.

¿Conocen ustedes alguna palabra de San José? Yo tampoco. No era ciertamente  sordomudo. Pero, frente a tanto bocazas, he ahí a un hombre hecho y derecho, un israelita  sin tacha, fiel a su Dios y a los suyos, intermediario eficacísimo en la venida de Cristo al  mundo. Claro que "como era justo" dice san Mateo, con palabra inspirada, pues ya estÁ  dicho todo. José, canonizado por el santo Evangelio.

La figura de Zacarías

Sacerdote dignísimo del templo de Jerusalén, esposo de Isabel. "Ambos eran justos en la  presencia de Dios e irreprochables caminaban en los preceptos y observancias del Señor"  (Lc. 1, 5-6). Un día, mientras oficia en el Sancta santorum, le habla el Ángel del Señor: "Tu  mujer anciana y estéril te dará un hijo, al que llamarás Juan y será grande en la presencia  del Señor, que viene a preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Cf. ibid. 8-17). Lo demás, ya lo conocemos. Zacarías duda y pregunta.

Queda mudo por su falta de confianza en el anuncio. Pero tanto él como su esposa  siguen fieles al Señor y preparan la venida del Bautista. Cuando éste nace, su padre  recobra el habla y lo presenta a todos en estos términos: "Te llamarás profeta del Altísimo,  porque irás delante del Señor a preparar sus caminos..." (Ibid. v.76) Zacarías presenta una  estampa de hombre justo, de adorador del Padre, de esposo fiel, de padre generoso. De  servidor del culto y de la palabra. De creyente ejemplar en la espera ardiente del Mesías.  Nos hizo quedar bien a los clérigos como miembro del estamento eclesiástico.

Su esposa Isabel

De ella, está dicha la mitad con lo hablado sobre su marido.  Mujer orante y estéril. Por eso le diría el ángel a Zacarías que Dios había escuchado la  oración de la pareja. Ella lo reconoció agradecida: "Al Señor le plugo quitar mi oprobio  delante de los hombres" (v.25). Vamos calando así en la interioridad religiosa de Isabel, que  se nos manifestará a raudales en la escena de la Visitación.

"Así que oyó Isabel -dice San Lucas- el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno  e Isabel se llenó del Espíritu Santo y clamó a voz en grito: Bendita tú entre las mujeres y  bendito el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí que la madre de mis Señor venga a  visitarme?" (vv.42-44).

Ella compartió con María los secretos de Dios. Completó, en elogio de su prima, las palabras del Ángel.  Fue visitada por el Espíritu. Experimentó la grandeza soberana de aquellos  acontecimientos y se sintió pobre ante ellos. Canonizada también por el Evangelio, Isabel  esposa y madre, orante humilde, abierta a la comunicación espiritual. Como tantas mujeres asombrosas, que todos conocemos.

Los pastores de Belén

Estaban de guardia, junto al ganado, en las colinas de Belén, quizá de tertulia nocturna,  quizá tumbados ya sobre el petate. En todo caso, cumpliendo su deber y bien avenidos  entre sé. Gente creyente y sencilla, con religiosidad popular, sin mucha teología. Oyeron  con júbilo el anuncio del ángel sobre el nacimiento del Mesías, acudieron presurosos a  Belén a rendir su homenaje al Salvador y contaron luego a cada hijo de vecino lo que  habían visto y vivido. "Y cuantos los oían se maravillaban, dice el Evangelio, de lo que les  decían los pastores" (Lc. 2,18). Humildes, creyentes y testigos. ¿Hay quién da más? 

El anciano Simeón

"Hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel y el Espíritu de Dios  estaba en él" (Ibid. v.25) Venía desde tiempo esperando al niño en el templo de Jerusalén y  sabía, por una luz especial de Dios, que no moriría sin verlo. Lleno del Espíritu Santo tomó  al Niño en sus brazos y prorrumpió en un cántico: "Ya puedo morir en paz porque mis ojos  han visto al Salvador".

Llamó a Jesús luz de las gentes y signo de contradicción, dos títulos de Jesucristo para  siempre. Le anunció también a María su compasión redentora. Santo, místico, profeta,  Simeón. Inigualable acogedor de Jesús en la Tierra.

Ana, la profetisa

Otro ejemplar fuera de serie. Sesenta años de viudez, durante los cuales "no se apartaba  del templo, sirviendo con ayunos y oraciones, noche y día". Estaba allí cuando llegó Jesús  y "hablaba de él a cuantos esperaban el consuelo de Israel" (v. 38). Un caso, sin duda,  excepcional. Mujer orante y penitente, purificada hasta la transparencia. Ojos limpios y  abiertos, como los de Simeón, para descubrir al Mesías de Dios.

Lengua movida por el Espíritu para anunciar el misterio de Cristo a cuantos esperaban su  advenimiento redentor. Santa patrona de tantas beatas, de las que a veces hacemos  irrisión y que son morada de Dios y buen olor de Cristo.

Los magos de Oriente

Personajes de historia, con hado de leyenda. Por eso los han fijado en tres, los han  elevado a Reyes, han situado sus tierras de origen en Media, en Cádiz o en Etiopía. Su  mensaje es hermoso, donde los haya. Gente con inquietud intelectual y espiritual. Muy al  estilo del Oriente y de la época, escudriñan los cielos. Si nunca hubieran mirado hacia  arriba, jamás habrían descubierto la estrella inquietante.

Lo que más no fue el verla, sino seguirla, soportar la prueba de su desaparición temporal  y buscar datos más ciertos entre los doctores de Jerusalén. Volcar luego su corazón y sus  tesoros a los pies del Niño y de María. Eso, tan bello, es la corteza del acontecimiento,  porque el meollo, la ventana del misterio, es la Epifanía, que celebra el 6 de enero toda la  cristiandad. Los magos son, más que los autores, los agraciados con una manifestación  singular de Cristo a los gentiles. Ellos fueron los adelantados de todos los venidos a la fe  desde fuera del judaísmo. Abrieron paso al nuevo Pueblo de Dios, de toda raza, pueblo y  nación. A nosotros.

+ Antonio Montero - Arzobispo de Mérida-Badajoz. España

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22.

La Navidad es, por sí misma, un contraste grandioso, por no decir que escandaloso,  entre la grandeza soberana de Dios y la insignificancia tremenda del nacimiento de su Hijo,  un bebé que llora y ríe, que mama y moja los pañales, igualito que nosotros, como cualquier  hijo de Adán, semejante en todo a los demás nacidos, menos en el pecado. Él se hizo pobre  para hacernos ricos y apostó sin titubeos por todas las pobrezas, de las que no nos  escapamos ni uno. Gentes hay tan necesitadas, que no tienen más que dinero. Otros están  escadenados a sí mismos, prisioneros del propio egoísmo, más solos que la una, por más  que intenten sofocar con ruido y con alcohol su tremenda indigencia interior.

Antonio Montero

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23.

Y para finalizar, un pensamiento navideño que he recibido y me ha hecho pensar mucho. Es de Anselm Grün: “Nuestra vida puede parecer un palacio. Pero todo palacio esconde un establo. El establo de la mediocridad y del desorden. El que no siempre huele bien y que queremos ocultar de las miradas de los otros. Es precisamente ahí y en ningún otro sitio donde Dios quiere nacer en mi vida”.

  

1. ALEGRIA/NV   

"Concédenos llegar a la Navidad y poder celebrarla con alegría  desbordante" (Colecta). María es la "causa de nuestra alegría" (cf.  letanías) porque por ella "hemos recibido a tu Hijo JC, el autor de la  vida" (colecta del día 1 de enero). La alegría cristiana no es un  estado anímico, ni quiere decir que todas las cosas tengan que  salirnos como deseamos. En esta Navidad, por ejemplo, habrá  miembros de nuestra comunidad que se verán afectados por  situaciones esencialmente dolorosas: la muerte reciente de un hijo,  una enfermedad grave... La alegría cristiana no es un velo multicolor  que nos esconda los achaques y los sufrimientos: si así fuera, sería  evasión y escuela de inmadurez.

Cuando pedimos "poder celebrar la Navidad con alegría  desbordante" estamos hablando de aquella alegría que se instala en  lo más sensible de nuestro espíritu, allí donde éste entra en  comunión con el Espíritu de Dios y es movido por él. "Y nadie será  capaz de quitaros vuestra alegría" (Jn 16, 22). La Navidad trae a todo  el pueblo "una gran alegría" (evangelio de la noche" porque "ha  aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los  hombres..." (2.lect. id). Por eso, "si Dios está por nosotros, quién  contra nosotros?...ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor  de Dios (manifestado) en Xto Jesús, nuestro Señor" (Rm 8, 31.39).

J. TOTOSAUS - MISA DOMINICAL 1990, 23

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2.:

Dios habla, Dios se expresa, aunque sea inexpresable. En Dios, la  Palabra es la expresión del ser. En el Principio existía la Palabra, en  ese principio que es el origen absoluto, puesto que es Dios mismo.  Dios existe hablando: Dios es diálogo, palabra intercambiada,  comunicación absoluta, comunión perfecta. Por haber aislado  nosotros al ser en una sociedad infranqueable, nos cuesta trabajo  concebir la Trinidad divina. Pero ésta, aunque sigue siendo un  misterio, no es un "problema" para el hombre que vive su propia  existencia en el cara a cara interpersonal que le permite hacerse. Dios  es palabra dinámica: existe actuando, hasta tal punto de que su  Palabra le es consustancial, su otro yo, por así decirlo. Lo de "dijo... y  fue hecho" hay que afirmarlo de Dios mismo, y no sólo de sus  acciones en el mundo. Dios es, porque él se dice en su Verbo eterno.  (...) 

El Verbo se hizo carne. Se hizo amor fraterno y amistad, capacidad  de perdón y ternura de una mirada. Por sus venas corre sangre de  hombre, y de su corazón brota agua viva. Fue a Caná y a la cruz:  conoció a Pedro y a Magdalena, a ti y a mí. Después de haber  hablado por medio de tantos profetas, Dios se puso a hablar por boca  de su Hijo eterno, que es el rostro de su gloria. Su palabra penetró en  el hombre, pero con la humildad de un rostro ofrecido, a través del  quejido de una voz que se apaga, en la pasión de un hombre que lo  arriesga todo, incluso a sí mismo. (...) 

Que la celebración de la Palabra y del Pan robustezca en nosotros,  cada día, la fe en el Dios hecho hombre, pero también la fe en el  hombre, que ha sido llamado a ser hijo de Dios. Un hombre de carne y  sangre. ¡Ese hombre eres tú! 

DIOS CADA DÍA - SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL
ADVIENTO-NAVIDAD Y SANTORAL - SAL TERRAE/SANTANDER 1989.Pág. 74

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«Ellos llaman a este día el del nacimiento del Sol invicto. Pero ¿qué más invicto que Nuestro Señor, que ha destruido y vencido a la muerte? Le denominan igualmente día del nacimiento del sol. Pero  ¿no es éste, Nuestro Señor, Sol de justicia, de quien escribió  Malaquías: Para vosotros que teméis a Dios se levantará su nombre  como sol de justicia y la salvación está bajo sus alas?».  (Autor siglo lll)

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4. :

Navidad para el pobre 

La Navidad es amor 
al más pequeño y más pobre.
La Navidad es ser niño, 
hacerse pequeño y pobre.
Navidad es compartir 
con el pequeño y el pobre.
Y Navidad es servir 
al más pequeño y más pobre.
La Navidad es luchar 
contra el que oprime a los pobres.
Navidad es detectar 
las causas de que haya pobres.
La Navidad es cantar 
la libertad para el pobre.
La Navidad es construir
un mundo en que no haya pobres.
La Navidad es amar,
amar hasta hacerse pobre.
La Navidad es morir
para que vivan los pobres.
Navidad es acoger
a mi Dios, que se hizo pobre.
Navidad es descubrir
a ese Dios que está en los pobres. 

CARITAS - RIOS DEL CORAZÓN - ADVIENTO Y NAVIDAD 1992.Págs. 101 s.

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¡Navidad!... fiesta del Cielo, fiesta del alma… fiesta en la familia…

 

De muchas maneras se puede celebrar la fiesta de las fiestas… de muchas maneras se puede esperar a Dios que va a nacer entre los hombres.

El cristiano la festeja con gozo, austeridad y mayor recogimiento para buscar el amor de Jesús, en el silencio de la oración y la soledad caritativa con los que más sufren. El cristiano sabe de los quereres humanos, añora el calor de la Navidad entre sus hermanos, los suyos, en su casa, con sus padres, familiares, amigos...

Será una noche de alabanzas al Niño Dios, habrá  turrón y mazapán, músicas y cantares, pero Dios pedirá algo más: nuestro corazón.

Gozaremos en la Liturgia, esperanza en los cantos de la Iglesia, himnos que hablan de amor, suavidad del corazón recordando en el silencio del templo la humildad de María, la castidad de José… el amor de Dios. Mezcla armoniosa de melodías de ángeles y pastores...

Incienso y mirra ofrecidos por almas que deslizan su vida en el servicio divino… oro de sacrificios… sacerdotes santos, mansos corderos en el altar de Belén.

A nuestras espaldas, soledad del presidiario, hombres heridos en la cama del hospital, huérfanos del amor humano bajo los puentes –victimas y sombras de nuestros orgullos-; habrá hombres sin algazara ni mesas opíparas, ni músicas, ni zambombas, ni tambores…  A ellos primordialmente demos la Navidad, pero no una navidad como piedras lanzadas por los hipócritas del ayer. Seamos Navidad del que necesita verdadera humanidad: corazón abierto y servicial, melodías de perdón, susurros de misericordia, perfumes de Belén.

En el cristiano humilde, quepa la Navidad  de adoración en silencio, alegre y saciado de leticia celeste, un corazón desprendido de la tierra y puesto a los pies de Jesús en el portal para que lo lleve al Cielo cargando nuestra humanidad.

Allí Él hará uso de ese corazón, si le damos autorización.

Navidad, días dulces y serenos, días de amores divinos, abrazos humanos y manos entrelazadas, días de calma y paz; días en que el alma vuela por los campos de Samaria. Sueña en glorias infinitas y se abisma contemplando la bondad inconmensurable… el amor de Dios al hombre, su Encarnación en María, su desnudez y su frío que esconden humildemente la majestad que no cabe en los Cielos.

Las cascadas de cristalinas aguas, el aleteo de los pájaros, los aromas de jazmines –fragancias del Edén-, constelaciones cósmicas, como los pastores de la Judea no requieren ruido, desprecian veleidades caprichosas, no necesitan fiesta mundana para glorificar al Recién Nacido. El cristiano deposita a su Rey en el pesebre, su corazón de carne y espíritu y no se acomoda demasiado a la diversión frívola que olvida al homenajeado. La fiesta, la alegría, las músicas y los golpe de zambombas los lleva en su corazón enamorado de Jesús, en un silencio gozoso… en un cantar interior… en un amor callado y discreto… en un doblar la rodilla frente a quien no sabe del Cristo porque hubo cristianos que no despidieron el efluvio acogedor -emanación de divinidad- de aquel Niñito Dios, no ofrecieron consuelos y hasta torcieron las palabras de Vida Eterna… no vieron en “María la fuente de la verdadera luz”, al decir de San Juan Damasceno.

 ¡Navidad¡  Contemplemos asombrados cómo ‘una Virgen concebirá un Hijo y su nombre será Emmanuel’, y ‘los caminos torcidos serán enderezados, y los escabrosos allanados…’ y será oído el llanto de la viuda, el sufrir del injuriado, la oscuridad del ciego, la hemorragia del enfermo, el pundonor del escandalizado… Escribe Lucas, cap.17: 1 Después dijo a sus discípulos: «Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!

¡Navidad¡  No se necesita ruido para amar a Dios; no importa la soledad, ni el silencio, ni la austeridad, ni la penitencia, ni el sufrir mucho o poco a quien sabe que ‘lo desierto e intransitable se alegrará, y saltará de gozo la soledad, y florecerá como lirio’.

Dos mil años llevan transcurridos desde aquella noche a nuestros días, y también ahora el milagro de Jesús se repite: la primera lección del amor de Dios, que busca como primer apoyo en el mundo, el amor entrañable de María, la fidelidad del José pobre y la humildad de unos pastores sencillos…

¡Es Navidad 2009!

Tratemos a nuestros hermanos como María cuidó el cuerpecito indefenso del Dios viviente. ¡Es Navidad!

 

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"La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño  de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9, 37-38).


5. 

En este día las tinieblas empiezan a disminuir y, al progresar la luz, los límites de la noche retroceden. No es casualidad que esto ocurra en la fiesta en que la vida divina se manifiesta a los hombres... Tú ves a la noche que llega a su límite extremo -no puede ya ir más lejos-, detenerse y retroceder. Entiéndelo, de la noche oscura del pecado.  Esta se había extendido... había alcanzado la cima... Tú ves los rayos del sol más fuertes y al sol más alto que de costumbre. Hay que entender esto de la aparición de la verdadera luz».

San Gregorio NISENO

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6. Ofrenda de un hombre en paro

A tus plantas llego,
Niño adorado,
con la sangre quemada
de un hombre en paro,
de un hombre triste
y desesperado,
que busca y no encuentra
sentirse válido.
Llamo a mil puertas,
pido trabajo,
y nadie recoge
mi grito amargo. (...)

No quiero darte,
mi Niño santo,
esta mi amargura
como regalo.
Quiero ofrecerte,
esperanzado,
--pues nadie las quiere--
mis tristes manos. 

Ángel Barquilla Ramiro, O.S.A.

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En Cristo se revela la humanidad de Dios y la divinidad del  hombre.

 

Apareció la benignidad y la humanidad de nuestro Salvador  (). Es el primer misterio que nos revela la Navidad: el misterio  de la humanidad de Dios.

La divinidad de Dios no es, pues, «una prisión en la que se  complazca en vivir en sí mismo y para sí mismo. Es, más bien, su  libertad de ser en sí y para sí mismo, pero al mismo tiempo con  nosotros y para nosotros. La libertad de afirmarse, pero también de  darse; de poseerse plenamente, pero también de hacerse pequeño.  Es todopoderoso, pero con la omnipotencia de la misericordia. Es  Señor y, al mismo tiempo, siervo; es el juez y, al mismo tiempo, el  acusado; el Rey del hombre en la eternidad y su hermano en el  tiempo» (25, 26). Cuando se mira a Jesucristo se descubre que Dios  no necesita la negación del hombre para ser afirmado. «En Jesucristo  se ha decidido de una vez para siempre que Dios no existe sin el  hombre, que no ha querido existir sin el hombre, sino con él y para  él». En Jesucristo se nos ha revelado que la verdad de Dios es su  filantropía, su amistad hacia los hombres. En Jesucristo se nos revela  la humanidad de Dios incluida en su divinidad» (28. 30). Se nos revela  «la bondad y humanidad grande de Dios» (Santa Teresa, Vida, 34,  8).

El segundo misterio revelado en la Navidad se refiere a nosotros.  La humanidad de Dios revelada en Jesucristo revela a su vez la  divinidad del hombre. Porque Dios no se ha quedado acantonado en  su divinidad, el hombre no se ve condenado a su humanidad. Porque  en Jesucristo Dios bajó de los cielos, el hombre pudo subir a los cielos  y estar sentado a la derecha del Padre. En su persona, Jesucristo es  el Dios del hombre y como hombre verdadero el fiel interlocutor de  Dios; él es a la vez el Señor que se baja hasta comulgar con el  hombre y el servidor elevado hasta la comunión con Dios... En su  persona Jesucristo es la alianza en su plenitud, el reino de Dios que  se ha acercado, en el que Dios habla y el hombre obedece; en el que  el honor de Dios brilla en lo alto del cielo... y la paz se hace un  acontecimiento en la tierra entre los hombres que él ama» (20, 22). La humanidad de Dios nos revela, por fin, la verdad, la misteriosa  verdad de todos los hombres nuestros hermanos, la dignidad de  nuestra condición y el valor de nuestras obras y de nuestra cultura. «Porque Dios es humano... el hombre se ve revestido de una  distinción enteramente especial. Todo ser dotado de rostro humano...  todo hombre, con sus obras y realizaciones, recibe por ese solo  hecho una dignidad particular. Desde el momento en que Dios se ha  hecho un Dios humano, le ha sido otorgada al hombre una dignidad  de la que no le debe privar ningún juicio pesimista, por bien fundado  que esté».

«Todo ser humano -incluso el más extranjero, el más despreciado y  el más miserable- debe ser considerado por nosotros bajo esta  perspectiva y debemos comportarnos con él en función de la decisión  eterna según la cual Jesucristo es su hermano y Dios su Padre. Si la  persona con quien nos encontramos lo sabe ya, debemos  confirmárselo. Si lo ignora o lo ha olvidado, nos corresponde  enseñárselo. A partir de la humanidad de Dios no existe otra actitud  frente al hombre. Tal actitud equivale al respeto de su derecho y de  su dignidad de hombre. Al rehusar tal derecho y tal dignidad a nuestro  prójimo, renunciamos a tener a Jesucristo por hermano y a Dios por  Padre». 

Basada en K Barth - L´humanité de Dieu

 

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la aurora y el ocaso del sol, momentos religiosos típicos en todos los pueblos, ya convertidos en sagrados en la tradición bíblica por la ofrenda matutina y vespertina del holocausto (cf. Ex 29, 38-39) y del incienso (cf. Ex 30, 6-8), representan para los cristianos, desde los primeros siglos, dos momentos especiales de oración.

 

Algunos piensan, no sin razones que la cultura europea está en decadencia y puede llegar a desaparecer. No es imposible si se toma en el sentido estricto de europeo-occidental, pero en cambio no es posible si se refiere al fondo o núcleo esencial de la misma, el cristianismo, que primero fue judío, luego romano, bárbaro, feudal, europeo, americano y después africano y asiático. El cristianismo no está hecho para lograr una cultura propia, cerrada y perecedera, sino para ser la sal y la luz de cualquiera de las civilizaciones que vayan apareciendo y que quieran llevar en ellas algo de eternidad.

 

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Acuérdate de tu final, y deja el odio

Acuérdate de la corrupción y la muerte,

Y guarda los mandamientos.

Acuérdate de los preceptos, y no odies al prójimo,

Acuérdate de la alianza del Altísimo,

Y pasa por alto la ofensa.

Aléjate de las querellas y evitarás pecados,

Porque el hombre iracundo las atiza.

El pecador siembra la discordia entre amigos,

Y en medio de los que viven en paz lanza su calumnia.

El fuego arde según su combustible

Y la disputa se propaga según su violencia,

La ira de un hombre depende de su fuerza,

Y su cólera se levantará según su riqueza.

Pendencia súbita enciende el fuego,

Y la riña irreflexiva hace correr sangre.

Si soplas sobre una brasa, se encenderá;

Pero si la escupes, se apagará,

Y, sin embargo, ambas cosas salen de tu boca.

Sirácida – Capítulo 28 versículos 6 al 13

 

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«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual significa que su obligatoriedad procede de la ley eterna. En la medida en que ella se apartarse de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia.
S. Tomás de A., S. Th, 1-2, 93, 3 ad 2. 

 

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"La verdadera sabiduría, entonces consiste en obras, no en grandes talentos que el mundo admira; pues los sabios en la estima del mundo… son necedad que hacen nada de la voluntad de Dios, y no saben como controlar sus pasiones" Sta. Brígida.

 

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Benedicto XVI recordó que «’el gran Galileo’ consideraba que la Naturaleza y la Biblia eran dos libros escritos por el mismo Autor. El libro de la Naturaleza, escrito en lengua matemática, porque para construir el Universo es necesario el rigor de la matemática; la Biblia, siendo palabra de Dios, tenía que ser escrita en cambio en un lenguaje sencillo y accesible a todos, como deben ser los valores de nuestra existencia, que es una simbiosis de la esfera inmanente y de la esfera trascendental». 2008.I.


Por venir a visitarnos, os agradecemos.-

Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!.

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¿Por qué repetimos y recomendamos algunos libros? - No responde esta habitual insistencia a ningún imperativo ni legal, ni moral, ni de compromiso alguno. El único compromiso es el del servicio a la conformación de una cultura católica que hoy es más necesaria que nunca.

‘MAESTRO DE LOS PUEBLOS’ - Una teología de Pablo, el Apóstol.
Jordi Sánchez Bosch - Verbo Divino - 735 páginas - 2008

2º ´Los ojos de María´, de Vittorio Messori y Rino Cammilleri - Es 1796: tropas napoleónicas van hacia Roma; hay milagros de estatuas que lloran. Messori investiga estos milagros. – Editorial ‘Styria’ -  251 páginas – Esp.

3º ‘Jesús de Nazaret’ – ‘Benedicto XVI’. 2007;al siglo: Joseph Cardenal Ratzinger

4º ‘El Libro negro de las nuevas persecuciones anticristianas’, Thomás Grimaux es el autor - Favre, 160 páginas. Valeurs Actuelles, 2008 -. Todo un acierto.

Recomendamos vivamente: LA LEYENDA NEGRA, de PHILIP W. POWELL (1913-1987), publica la editorial Áltera en su colección ‘Los Grandes Engaños Históricos’. 2008 – Como también:

‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

In Obsequio Jesu Christi.

Ante todo, la exigencia de que profundice la conciencia de sí misma: origen, naturaleza, misión, destino final; en segundo lugar, su necesidad de renovarse y purificarse contemplando el modelo que es Cristo; y, por último, el problema de sus relaciones con el mundo moderno (cf. ib., pp. 203-205, nn. 166-168).